domingo, 9 de marzo de 2014

Oh, siglo veinte, Oh poetas y poetas y poetas

Hay que reconocer que el caso de Pablo Méndez es sorprendente, yo diría que roza la genialidad. Publicar un primer libro de poesía con diecisiete años y con poco más de diecinueve construir, él solo, una editorial como Ediciones Vitruvio, editorial que ya en su número uno contaba con la autoría de una mujer imprescindible en la literatura de entonces y de siempre: Gloria Fuertes, es un caso casi de ciencia-ficción-poética. Pero es que además ya entonces tenía ideas atrevidas, y para dar a conocer aquel libro y la editorial organizó con sus amigos un sonado homenaje a Gloria Fuertes, fue en el Fnac de Madrid, un febrero de 1996 y allí le conocí yo.
            La editorial tenía ya entonces un aire muy valiente, y sus autores de aquellos primeros años eran muy distintos entre sí pero todos interesantes, recuerdo que estaba Ángeles Maeso, Alfonso Gil, José Elgarresta, Salustiano Masó… y entre los jóvenes, Alfonso Berrocal, Sergio Rodríguez, Alfonso Gota… eran poetas que apenas salvaban los veinte años y se pasaban horas y horas hablando de poesía. Yo les seguí mucho aquellos años, luego estuve viviendo en Nápoles y les perdí un poco de vista, pero al volver no tarde en recuperar el contacto.
            Todos eran buenos poetas, sin embargo desde el principio me gustó la poesía de Pablo Méndez y la de Alfonso Berrocal. Berrocal era celestial en aquellos años, todo misterio, filosofía, educación, timidez, su libro Asceta me acompañó durante meses… y Pablo Méndez era distinto, más charlatán, más revoltoso, pero capaz de llegar al centro de cada uno con su poesía y con su forma de ser poeta.
            Pues el pasado viernes, Pablo Méndez presentó el que algunos creemos es su mejor libro, Oh siglo veinte. Se sentó en un taburete, solo precedido de una breve introducción de Antonio Daganzo, y se puso a decir sus poemas con esa ternura, con esa vaga sensación de niño expulsado de no sé cuántos colegios que a él le divierte tanto y que creo yo, tiene más de literatura que de realidad.


Pablo Méndez presentando Oh, siglo veinte

            Oh, siglo veinte es un libro perpetrado como un mapa personal de quien se abre al exterior, después de leerlo te quedas como cuando ves una de esas viejas casas que han sufrido un accidente y se parten por la mitad, puedes ver los muebles, la televisión e incluso la cama… Méndez ha ido tejiendo la red de sus personajes principales para exponer tras ellos todo su mundo poético, un mundo que es muy humano y muy mágico al mismo tiempo. Lleno de narratividad en algunos casos y de concisión y literatura en otros. El poema La madre, con el que abrió el recital, es una maravilla que funciona como una novela: un poema de acción y al final una reflexión terrible sobre el amor más incondicional y gigantesco del mundo: lo digo yo por experiencia: el amor de una madre. En el libro hay poemas largos que cortan el viento y pinceladas irónicas, breves, que nos recuerdan al Pablo Méndez de libros anteriores.
            Y la lectura que hizo me pareció sorprendente. Después de verle tantas veces acompañando a los autores de Vitruvio, muy serio, como muy clásico, encima de una mesa lleno de falsa solemnidad, ayer que le tocaba a él, se sienta en un taburete y nos lee como si estuviera en el bar de una cantina de un instituto leyendo a los amigos que escucharon sus primeros versos, ¿y no es acaso eso el fin más digno de cualquier poeta? lo es cuando el poeta es un hombre sincero que necesita la poesía para vivir y para relacionarse con los demás. Oh, siglo veinte es una llamada al centro mismo de la poesía, la poesía cuando es nostalgia, homenaje, llanto, critica, evasión y nocturnidad, en este libro hay un poeta que alcanza una sorprendente madurez con la compañía de los libros siempre en cada mano.


Pablo Méndez y Antonio Daganzo hablan por teléfono con el mismísimo Antonio Machado

            Por allí estaban autores de peso, Miguel Galanes, Rafael Soler que tiene el don de la ubicuidad, Fernando López Guisado, Alfonso Berrocal, Daniel Benito, Elgarresta, Ramón Hernández, Alberto Infante, Fernández Hernán, Raúl Nieto de la Torre, Antonio Machado Sanz, Álvaro Petit: joven promesa vitruviana, Ana Ares, Paco Moral, Modesto González Lucas, Jesús Ayet, María José Perez Grange, David Minayo, Fernando García Román, Beatriz Villacañas, Hilario Martínez Nebrada, José María Carnero… en fin poetas y poetas y poetas, todos subidos a la pérdida de un siglo, o mejor dicho, a la recuperación de la memoria poética de todo un siglo que se reivindica con felicidad en las voz siempre sugerente de Pablo Méndez.



Nieves González




domingo, 26 de enero de 2014

Más almíbar que ácido

            Sí, sí, sí, encontré trabajo, por eso me he perdido bastantes actos de poesía en los últimos meses, pero una cosa es encontrar trabajo y otra muy distinta perderse una presentación de Rafael Soler, que si tengo que volver a la cola del paro pues vuelvo… la poesía y sus grandes nombres tienen que estar por encima de todo.



                                          
                                           Pablo Méndez, Rafael Soler y Luis Alberto de Cuenca



             El caso es que Rafael Soler lleva en poco menos de cinco años tres libros de poesía muy notables, el primero Maneras de volver, que ha sido todo un éxito nos lo descubrió a muchos como un poeta sobresaliente, el segundo Las cartas que debía, confirmaba las predicciones y este tercero, Ácido almíbar nos lo consagra como una voz necesaria.
            Iniciado ya el acto, Pablo Méndez saludó al respetable (pocos actos de poesía tienen tanto y tan nutrido público) y mostró su contento con la publicación. Miré yo con detenimiento al director de Ediciones Vitruvio porque sé que ha sido padre hace unos días pero no vi grandes ojeras, bostezos, ni otras debilidades de quien tiene un bebé en casa. Y para la presentación otro lujo, Luis Alberto de Cuenca, poeta setentero y cañón, siempre elegante y cuidadoso que sabe presentar un libro como nadie, ni mucho ni poco, breves pinceladas y la voz de la experiencia junto a la de la simpatía.
            Después Rafael Soler nos fue desgranando su ácido almíbar poco a poco como quien sirve un gran plato y quiere que los comensales lo degusten, lo disfruten lenta y pausadamente. No es fácil de explicar la poesía de Rafael Soler, es de esas obras que prefieren la insinuación a la realidad, que dice las cosas como sin nombrarlas, una poesía que deja al lector con la maquinaria a medias para que sea el que lee el que termina y además tiene un gran poder de atracción, es de esos poetas que al terminar un poema estás deseando leer el siguiente, aunque del anterior no hayas entendido nada, yo diría que es un poeta con un gran misterio, con el enigma de la poesía que es un enigma grande, muy muy poderoso. Hay poetas que a una le gustan y no sabe muy bien las razones, son poetas con enigma: es así, Claudio Rodríguez, Carlos Bousoño, Carlos Barral…



Impresionante aspecto de la Asociación de la Prensa 

            Ácido almíbar me parece más intenso y directo que los libros anteriores, quizá Las cartas que debía estaba más en la comunicación con el exterior, y Ácido almíbar es más la conversación con uno mismo, con su pasado, con su familia, con el lado más negro de ir viendo como los otras fallan, o se mueren, o salen del cuadro que a la postre es lo mismo. Maneras de volver era más un viaje de regreso.
            La lectura conmovió al público de una forma tremenda, los aplausos sostuvieron la sala y alguno quiso levantar al poeta como si de un diestro taurino se tratara, no llegó la sangre al libro que diría otro y al acabar se disfrutó de una copilla en un local cercano que se llenó de poetas como algunas noches se llenan de luces y de sombras.
            Por allí estaba Alberto Infante, Javier Lostalé, Diego Doncel, Javier Reverte, Ángel Guinda, José Elgarresta del que me han dicho tiene libro a punto, Alfonso Berrocal, David Morello, Fernando López Guisado, Antonio Daganzo, Hilario Martínez Nebreda, Ramón Hernández, José María Prieto, Miguel Losada, José Cereijo, José Luis Fernández Hernán, David Minayo, Raúl Nieto de la Torre, Eduardo Merino, Francisco García Marquina… en fin… una lista mucho mayor que acompañaron al poeta con devoción.




            Cuando alguien es capaz de llenar un lugar con la poesía como pretexto es que hay detrás un poeta especial pues no está el invierno para ir y aburrirnos a cualquier sitio. Si fueron un éxito Maneras de volver y Las cartas que debía, yo creo que Ácido almíbar será todavía un libro más comentado y leído, hay una flor decadente, femenina y radiante en cada poema de Soler y en este poemario crece.



                                                                                                                            Nieves González                                                                                                              


miércoles, 16 de octubre de 2013

La hora al fin de Javier Magano

Me hablaron el curso pasado de Javier Magano y tenía buena curiosidad de leerlo, coincidí con él en el Homenaje a Luis Cernuda que hizo Ediciones Vitruvio hace unos meses y creo que también le vi en los fastos del Día del Libro en la legendaria Fuentetaja, que por cierto, ha vuelto a cerrar y se une a este drama cotidiano nuestro, tiendas cerradas, personas en paro, miseria de camino, en fin, no voy a volver a lo mismo...

 La sala llena en la presentación de La hora del lobo, de Javier Magano

           Lo cierto es que Javier Magano presentó ayer su primer libro, La hora del lobo, en la cripta cada vez más sagrada del Comercial, lo que Pablo Méndez llama insistentemente El Rincón de don Antonio y que tiene ya una larga lista de poetas que han cantado allí sus versos.
            La presentación corrió a cargo de Pablo Jiménez, poeta de densa e importante trayectoria que hizo una semblanza del autor y del libro elogiosa, contenida y sincera. Después el poeta leyó sus versos no ajeno a la emoción que toda primera gran cita impone pero con claridad, a ritmo suave y muy dentro de una voz con certeza y empuje. La hora del lobo es un libro brillante, su coqueteo con el culturalismo es una realidad pero no está tratado desde una posición antigua, hay modernización en los personajes que ya llenaron páginas en la poesía española, especialmente en poetas surgidos en los años setenta. La posición de Magano es más vertical, y en su poesía, donde no cae nunca la figura de Shakespeare también hay momentos de exaltación amorosa o de contemplación del paisaje frente a la decadencia de nuestra propia vida.

Pablo Jiménez, Javier Magano y Pablo Méndez

            La sala estaba llena y la compañía de escritores y poetas conocidos también fue nutrida, me gustó ver a Juan Carlos Rodríguez Búrdalo: interesante poeta extremeño del que leí hace años su gran libro De piel y humo, Eduardo Merino, José Parra Moreno, Hilario Martínez Nebreda, Raúl Nieto de la Torre...

            La poesía se convirtió en un lugar extraño y maravilloso, las referencias literarias de Javier Magano se crecieron en el ambiente de la tarde y muchos supimos que estábamos ante un escritor que escribirá páginas buenas, de momento empieza con un buen paso, certero. 


                                                                                                                             Nieves González

martes, 1 de octubre de 2013

David Morello: mucho más que un poeta


Disculpas tengo que pedir a nuestro Pablo Méndez, me invitó con insistencia a dos actos poéticos anteriores y no he sido capaz de acudir. Y eso que sigo en el maldito Paro como todos los hijos de los vecinos que una tiene y parezco ya una señorona de antes dedicada a sus inhóspitos  labores y fregar los platos con cara de mala leche.
            Pero la poesía me salva como siempre y la presentación de ayer fue increíble. Conozco poco a David Morello, todos me hablaban de su primer libro, Retorno de la voz, fui a comprarlo pero como  ya lo había comprado alguien, me hice con el nuevo, Réquiem por un hombre cualquiera, que he leído esta noche como quien devora una manjar exquisito.
            Un recuerdo emotivo hacia Juan Luis Panero que falleció la semana pasada: gran poeta sin duda, aunque yo prefiera la poesía de Leopoldo (esa medio cordura inquietante). Y de presentación unas palabras de Manuel Lacarta que estuvo cauto, sutil y minucioso en la semblanzadel libro. Después David Morello se dejó llevar por la poesía y leyó despacio, delicadamente una poesía que trata sobre la guerra, sobre la injusticia, sobre la pobre presencia del hombre cuando todo está roto, o rompiéndose o por romper como una cadena irremplazable. La poesía de Morello es tierna, sensible y muy azulada, a veces parecen sus palabras de algodón, y tiene un ritmo lento y suave, casi como su voz cuando se frena, cuando quiere esperar de forma casi mágica, al último lector o espectador allí en la sala.
 
Lleno absoluto en el Rincón de don Antonio del Café Comercial
 
            Réquiem por un hombre cualquiera es un libro grande que pone el listón muy alto para este inicio de temporada, si vienen más libros como este, con esa carga de sutileza y en la observación del prójimo tanta sensibilidad vamos a pasarlo muy bien, y se llenará de buenas luces el rincón indómito del Comercial, o el Ateneo, o el Círculo de Bellas Artes que cada vez está más frío y más solo y más parecido a un hotel de lujo…
            En la sala otros poetas acudieron al nacimiento, Paco Caro en primera fila: siempre atento, Antonio Daganzo, Fernando López Guisado y Elena Muñoz que estrena novela, Raúl Nieto de la Torre, Eduardo Merino, David Minayo, José Elgarresta bien acompañado y sonriente, Alberto Infante a quien me hubiera gustado preguntarle por su viaje al incuestionable Colliure, Aurora Auñón, Guadalupe Grande, José Luis Torrego, Félix Santiago, Davina Pazos…
            Al final de la lectura, David Morello cantó uno de sus poemas y todos nos quedamos impresionados, su voz cálida hasta ahora, se transformó en un caudal de flamenco lleno de emoción y parecía traer detrás toda una fuerza arrastrada con años, nadie pensaba que pudiera terminar así el recital, casi como si con él no fuera la cosa, se levantó una interpretación capaz de levantar al público de su asiento: con lo difícil que es eso en una ciudad como Madrid y una plaza como El Comercial. Poeta que vale para todo, sin duda, y que nadie olvide, ha escrito en Réquiem para un hombre cualquiera, un libro de los que darán que hablar.
 
 
Manuel Lacarta, David Morello y Pablo Méndez
 
            Yo volveré pronto a uno de estos encuentros que ya echaba de menos, a no ser que me llamen de Televisión Española y me pongan a presentar un telediario, entonces nuestros actos de poesía y David Morello en primer lugar ¡¡¡¡¡¡¡¡¡SALDRAN POR TELEVISIÓN!!!!!!!!

 
Nieves González

domingo, 7 de julio de 2013

Morir de poesía: Festival de Vitruvio


 
 
A mí los festivales que hace Ediciones Vitruvio me dan un poco de miedo, sí ya sé que está garantizada la buena poesía, pero tienen algo de descomunal que los hace peligrosos. El año pasado el aforo se desbordó y era difícil moverse por la sala noble del Café Comercial: el tema trataba de Ángel González y la presencia de su viuda, la enigmática Susana lo hizo incomparable. Este año los Vitruvios han sabido contener el aforo y por lo menos se podía andar por la sala pero el calor ha sido asfixiante, sobre todo en los primeros momentos. Cierto que la elevada cantidad de poetas llegado de toda España lo convierten en único, sobre todo por lo comprimido, hay otros festivales que duran tres o cuatro días y se hacen dispersos, en la propuesta de Vitruvio es todo en una tarde, poetas y poetas que leen su poema y es casi como una borrachera de versos que vienen y van.
            Ayer no faltó emoción y voces maravillosas… es una suerte descubrir al poeta ecuatoriano Augusto Rodríguez, acierta Pablo Méndez en buscar en la poesía de Hispanoamérica, ahí allí muchísimos poetas grandes y diferentes: y Augusto Rodríguez es uno de ellos. Beatriz Villacañas leyó unos poemas breves y serán publicados pronto, de Javier Magano ya no sé que decir: me han hablado de él y estoy deseando leer su libro que debe estar ya cerca, Lola de la Serna es una de las voces femeninas más interesantes del panorama actual sin duda, Fernando López Guisado tenía en los ojos un extraño brillo que compartía con su mujer y no sé a qué se debe, traté de preguntárselo al final pero no estaba: algo se trama, seguro. Ana Ares hizo doblete, primero con un poema suyo y al final leyendo a Cernuda, que fue el invitado ausente de la noche. Paco Moral es una de mis debilidades y estuvo como siempre espléndido: es un huracán de poesía y solo su voz llena la atmosfera del Comercial. Alberto Infante es otro grande de la noche y a mí siempre me ha parecido un actor de película americana, Ramón Hernández es una de las estrellas más lucidoras que revolotean por el Café Comercial y cuando dijeron su nombre se notó admiración en la sala. María José Pérez Grange leyó un poema muy hermoso y después de ella Virginia Nielfa, de la que no tenía conocimiento alguno y fue una de las sorpresas de la tarde, me dijeron que acaba de publicar libro, fui al término a por un ejemplar y ya no tenían. Luego le llegó el turno a María de la O Guillén, poeta casi secreta, muy buena, de la que leí hace unas semanas su Una onda en movimiento y me pareció deslumbrante. Después Pablo Villa, Alfredo Piquer y Alvaro Fierro, Pablo Villa es un poeta muy admirado en la sierra de Madrid, su poesía mira hacia lo rural y lo humano y el texto en prosa que leyó gustó mucho, Alfredo Piquer es un clásico de la noche poética madrileña y su voz, sabemos, un río de originalidad, Alvaro Fierro tiene también algo de actor pero centro europeo, galante y muy vivo.
            A este punto el calor pareció ceder un poco y empecé a creer que salvaría la vida, desde luego una muerte por asfixia rodeada de todos estos poetas me parece de lo más chic, y muy moderno: la verdad. Pero tengo una hija de diecisiete años y un marido y creo que algo me estiman, no porque aporte dinero a casa porque aprovecho para decir que sigo en el paro y no me llaman para trabajar ni limpiando los suelos de alguna redacción de periódico: yo que tanto…. Pero ¡bueno! volvamos al festival Vitruviano que es el tema del día ¡lecha! Joan Payeras es el ganador del premio Café Comercial del año pasado y su presencia era inevitable, su poesía es lúcida como pocas, María Juristo no se queda solo en novelista y demostró que también la poesía esta dentro de su gran universo de creadora, y Nieves Chillón fue otra de las sorpresas, venida de Granada y autora del libro Rasguños me parece una autora a la que seguir de cerca. Dolors Alberola ha tenido un año de éxitos y ha sido estupendo escucharla, Manuel Aguilera leyó un poema de su libro, Calle de la mar sin número, y ¡Olé! ese sí que fui a cogerlo y me lo llevé puesto, es un libro que se crece en una mirada al mar cotidiana y fresca. Domingo Failde me parece otro de los platos de lujo del festival y del catálogo de Vitruvio, uno de los mejores poetas que tenemos: escucharle es un placer. Después Santiago López Navia que tiene una voz y una poesía siempre elegante y me hizo ilusión encontrarlo: lo conozco del mundo universitario aunque creo que él no me recuerda. Modesto González me parece uno de los mejores sonetistas que pululan por el parnaso de ahora, yo no soy una enamorada del soneto la verdad, pero reconozco al que sabe hacerlo. Luego leyó David Minayo: primera noticia que tengo de este chico que leyó un poema muy aplaudido: fui de nuevo a la mesa pero me dijeron que se trataba de un libro futuro, así que esperaré y punto. Carlos Guerrero me parece otra voz a tener en cuenta, una mirada personal irónica y deslenguada que está cada vez acertando con mayor integridad. María del Valle Rubio nos trajo un poema de su libro Cibernáculo, siempre es bueno un trocito de Sevilla en el Comercial. Paola Herrera es un volcán, una voz que llega de la poesía erótica y redondea un círculo de pasión y sensualidad, recuerdo que en otro acto similar hizo lo mismo pero andando por la sala y fue mucho más explosivo. Antonio Machado Sanz calmó el ambiente con un poema evocador y nostálgico y Jesús Ayer puso el punto elevador, divino y procesional que siempre se agradece porque hay que saber andar en direcciones varias.
            Llegados a este punto la poesía se convierte en una especie de carrusel, unos suben otros bajan y el oyente no sabe con que poeta irse a cenar, acostarse o simplemente pedirle otra lectura a la luz de luna en otro mundo. Eduardo Merino es uno de esos, nos valdría para todo: años estuve comprándole libros en la Facultad de Derecho y de repente un día me lo encuentro leyendo y haciendo buena poesía. Le siguieron Antonio Daganzo y Alfonso Berrocal, Daganzo es ese chico que las madres quieremos casar con nuestras hijas, ¡no me digan que no! aquí lo hace todo y todo bien, prepara el festival, recibe a los autores, los despide y encima se sube a la tarima y lee un poema extraordinario. ¿De dónde saca Pablito Méndez estos niños? eso es un misterio de respuesta imposible… y Berrocal, ganas tengo de cogerlo por banda, es el más huidizo, antiguo y misterioso de los Vitruvios, cuando su libro Asceta, que fue todo un éxito en su tiempo ya me pareció un descubrimiento, eso sí, entonces tenía un increíble parecido a un actor de serie americana para adolescentes que se llamaban Sensación de vivir o una vulgaridad de esas. Y después Elgarresta, la nota de filosofía elevada y rectangular, un poeta como la copa de un pino que se ha hecho con los años imprescindible.
            Cuando ya parecía que las sorpresas eran imposibles aparició Luis Rosales Fouz que leyó un poema de su padre, claro. Emotivo, sereno, elegante… Luis Rosales hijo es un verdadero lujo leyendo a su padre: aquellos de las voces que se repiten de padre a hijo. Y Siguiendo con los hijos, con los padres, José Luis Fernández Hernán leyó un poema en prosa inteligente, en un pequeño texto poético todo un ensayo sobre las generaciones, las ausencias y la poesía.
            Después para acabar ya se ha dicho, Ana Ares, leyó un texto genial y clásico de Luis Cernuda. En su voz parecía renacido Cernuda, con aquella pose, aquella figura, aquella marca de poeta estratosférico, inolvidable…
            Cuando Pablo Méndez despidió el acto y nos citó para el primero del próximo curso, allá en septiembre, se nos había olvidado el calor y teníamos en la memoria un número enorme de poesía para soñar con ella camino a casa.
            Festival de poesía único como siempre, y esperando ya el del año que viene.
 
 
Nieves González

martes, 7 de mayo de 2013

Más Raúl Nieto que nunca


Dicen por ahí que está a punto de ser padre, el caso es que Raúl Nieto de la Torre acaba de presentar su último libro, Los pozos del deseo, y la presentación no pudo ser más bulliciosa e interesante. Por un lado los Vitruvios más felices que nunca, Pablo Méndez contó como conoció a Raúl, una historia curiosilla de un premio de Majadahonda que yo ya creo haberle escuchado a Méndez más veces, ¿repetición? pero es hermoso igualmente. Por otro afamados novelistas como Luis Landero que me dicen presentó hace años el famoso primer libro de Raúl, Zapatos de andar calles vacías y entre medias Antonio Ferrer aclarando algunos aspectos, no muchos, del libro.

 
Expectación antes de empezar el acto

            Y es que Los pozos del deseo es un libro de amor. Hasta tal punto resulta amorosa la propuesta que está intercalado con textos del diario de la amada, Melissa, que lució en el acto su avanzado estado de gestación y no evitó algún rostro de sonrojo cuando se hablaba de ella desde la mesa. Los pozos del deseo es una obra que va ganando fuerza conforme avanzan los poemas, la poesía de Nieto es sutil, clara, sencilla, bien armada, dulce, feliz y dolorosa, muy de la marca Vitruvio en sus mejores galas y muy de nuestro tiempo que se agradece.

            Raúl nieto empezó la lectura algo visitado por las circunstancias pero después del primer o segundo poema se vino arriba y al final nadie quería que terminara el acto, ya en casa, con el libro encima de la mesa, me he dejado llevar como pocas veces por una poesía misteriosa, festiva en lo más ardoroso de la palabra, llena de luces y entretelas, heredera de Ángel González, y con trabajo, con mucho trabajo en cada verso, en cada poema terminado.

 
Antonio Ferrer, Raúl Nieto de la Torre y Pablo Méndez
 
            Fueron muchos los poetas que por allí estaban, Pedro Antonio González Moreno, Antonio Daganzo del que me dicen ya ha terminado su libro de música y tiene pendiente una firma con la editorial Planeta ¿saldrá para Navidades?, Alfonso Berrocal que llevaba años sin ser visto por estos lares y al que conocí una noche de lluvia allá por los finales del siglo pasado: tan encantador como siempre, Paco Caro, Rafael Soler, José Elgarresta, Alberto Infante, Federico Leal ¿lo conocí también aquella noche de lluvia? (por ahí debió andar), María López, Viktor Gómez, Manuel Martínez…

            Muchos de los que fueron me hablan maravillas de Raúl Nieto de la Torre, están en lo cierto creo yo, el que dude ya sabe: Los pozos del deseo le hará dichoso o incrédulo para siempre.
 
Nieves González Marín

martes, 30 de abril de 2013

Palabras de aire, voz de llegada. Entrevista a Pablo Méndez


            A Pablo Méndez lo he mencionado ya varias veces por ser el editor de una de las mejores colecciones de libros de poesía, como es Baños del Carmen, perteneciente a Ediciones Vitruvio. Hasta el momento no ha habido lugar para comentar que también es uno de los mejores poetas del panorama nacional, conocido quizás sobre todo por su premiado Ana Frank no puede ver la luna. Sin embargo, esta vez he tenido el lujazo de hablar con él acerca de su faceta poética con motivo del XXº aniversario de la publicación de su primer libro Palabras de aire. No todos los días tiene uno la oportunidad de preguntar lo que quiera a un poeta de esta talla, así que aquí transcribo la conversación que tuvimos porque, en mi opinión, no tiene desperdicio.
-En primer lugar, ¿cómo surgió tu vocación por la poesía?
Yo he escrito desde niño. La verdad es que no te sé decir ni cuándo empecé ni por qué, porque siempre me recuerdo escribiendo poesía. Tengo un medio poema escondido y guardado en casa que compuse con casi siete años. Así que siempre me gustó escribir; aunque luego hubo algún acontecimiento en mi vida que me hizo ya hacerlo de forma compulsiva, a todas horas, casi en todas partes. Pero lo que es escribir siempre me gustó y siempre lo hice.
 
Palabras de aire. Ed. FLH, Córdoba, 1993
 
 
- Y ¿cuál fue ese acontecimiento, si se puede saber?
Me echaron del Colegio San Agustín, que era un colegio donde estaba muy feliz y estaba a gusto, aunque no estudiaba y suspendía. Cuando llegué al otro colegio tuve una sensación como de exilio, de nostalgia, de no estar donde debía, de mirar todo aquello como una cosa pasada feliz… y yo creo que la poesía se me hizo mayor después de todo eso.
- Has dicho que fuiste mal estudiante, pero en Literatura destacarías… ¿o tampoco?
Sí, en literatura destaqué al final; pero realmente es verdad que sí fui muy mal estudiante toda la vida. Lo que no tuve, tristemente, fue un profesor bueno, que me orientara, que me ayudara, que tuviera interés por lo que yo escribía; me faltó la figura que yo ahora veo mucho, porque tengo muchos autores y muchos amigos que son así, es decir, la figura de un poeta o de un profesor que le gustara la idea de tener ahí un chico que escribiera poesía. Y eso lo pagué quizá en los últimos años con cierta soberbia con respecto a los profesores que tenía, y pensaba que sabían menos que yo. Yo creo que sabían menos que yo en este caso.
- En ocasiones hablas de Una fecha hacia la nada como tu primer libro. Entonces, ¿consideras Palabras de aire solo una tentativa?
Sí, claro. Palabras de aire salió cuando yo era muy joven, y la verdad es que es un libro muy adolescente. Cuando estaba yo ahí en ese momento me pareció muy importante; y ahora me hace ilusión lo de los veinte años, porque es uno de esos libros que luego los miras con cariño cuando pasa el tiempo y los quieres. Pero... sí, lo considero una primera tentativa, una voz de llegada.
 
Pablo Méndez un año después de publicar Palabras de aire, con Juan Carlos Mestre y Ángel Guinda
 
 
-¿Cómo conseguiste publicar tu primer libro? Contactos, financiación…
Fíjate, buena pregunta. Pues yo formaba parte de una asociación muy divertida entonces que se llamaba Asociación Fraternidad Literaria y Humana, (un nombre así muy raro, pero no era nada religioso ni extraño, que parece que tenía nombre como de secta, pero no lo era) y hacía en Córdoba una revista muy bonita, con mucha economía de medios, que se llamaba Madinat Al Zhara, donde yo escribía mucho, les mandaba mis poemas y me los publicaban. Entonces tuvieron un proyecto muy interesante, para el que creo que contaban con alguna subvención, que era llevar la poesía a los pueblos pequeños tanto de Castilla La Mancha como de Andalucía, publicando un par de libros (uno era el mío y el otro, una novela) y esos dos libros ir presentándolos por los distintos pueblos. A mí cuando me contaron ese proyecto me gustó mucho la idea de escribir y que contaran conmigo para todo. Luego estos proyectos, como siempre, se quedan a la mitad, pero gracias a Dios se publicó mi libro y después sí, fuimos a un par de pueblos, yo creo que a tres, y ahí se quedó. Pero fue una experiencia muy enriquecedora. La idea era muy sencilla, pero bueno.
-¿Significó esta publicación un antes y un después? ¿En qué sentido?
Pues sí, para mí fue importantísimo. Pues, fíjate, por lo que estábamos hablando antes: un niño que está en 3º de B.U.P, como estaba yo entonces, en un colegio además muy pequeño, mal estudiante, y de repente publica un libro con todo lo que eso significa, es decir, tener que ir a presentarlo fuera de tu ciudad… claro, aquello para mí fue muy importante. Fue como descubrir otra vez la vida, descubrir que había una vida que me esperaba detrás muy emocionante, que yo ya llegué a pensar que no la había. Pero la había y estaba siempre detrás de la poesía.
- Y a la hora de proyectar  tu vida, ¿cómo influyó?
Me ayudó a conocer el mundo de la poesía, que es muy complicado, y yo creo que hay que conocerlo bien, porque ahora hay gente joven que me da la sensación de que no lo conocen del todo. El poder conocerlo desde muy pronto me ayudó a tener las cosas claras con respecto al futuro, porque en esos años tomé la decisión de que quería vivir de la poesía sí o sí. Era lo que más me gustaba, llevaba unos años que no hacía otra cosa más que leer poesía a todas horas, en todos sitios y a todos los autores de una forma obsesiva y brutal. Descomunal, vamos. Así que decidí que lo único que quería hacer en la vida era vivir vinculado a la poesía.
- ¿Te reconoces en los poemas de entonces? ¿Qué queda de aquel Pablo Méndez?
Muy poco. Palabras de aire se publicó en el 93, tardó en publicarse como mínimo seis, siete meses; o sea, que lo podían haber publicado prácticamente en el 92. En Cadena perpetua, que es el libro donde yo he recogido toda mi obra, hay dos o tres poemas de ese libro, que son los que a mí me gustan, pero de forma muy velada.
- ¿En qué ha cambiado?
No lo sé, porque lo que cambia uno no lo ve uno mismo. También estamos hablando de un niño, ¿no? porque con esa edad… La verdad es que no lo sé.
- Llevando una editorial de poesía, ¿no sientes cierta envidia sana cuando lees poemas brillantes de otro escritor? ¿o crees que leer tanta poesía por tu profesión te ayuda a su vez a ser mejor poeta?
Envidia sana no, todo lo contrario. Me alegra mucho cuando leo buenos poemas de otros autores, es más, es lo que busco, para luego poderlos publicar. O sea, que estoy siempre deseando leer poemas buenos. Y no creo que el estar leyendo poesía todo el día sea bueno para mi obra. En general, creo que no te ayuda leer poesía una vez que ha pasado tiempo, sino que hay unos años en los que es muy importante leer mucha poesía cuando uno está empezando a descubrirla, a ser poeta, digamos. Y años largos. No hablo de dos o de tres, sino… quince. Pero después ya uno sigue leyendo por placer, pero no creo que sea fundamental en su obra, siempre y cuando lo haya hecho mucho tiempo y lo haya hecho bien.
- ¿Qué tal compaginas tu vida de poeta, con la de editor y la personal?
Regular. Pienso que si no fuera editor escribiría más y me ocuparía más de mi poesía. Pero va por etapas, ahora estoy en un momento en el que estoy consiguiendo escribir más, pero ha habido momentos en que se me ha hecho muy cuesta arriba, porque estar todo el día con la poesía de otros te quita las ganas de luchar por la tuya. Va por etapas.
 
Pablo Méndez en el Rincón de don Antonio, Café Comercial, 2012
 
- Me consta que tu segunda pasión es el fútbol, ¿tiene alguna relación este deporte con la poesía?
(Risas) Bueno, eso es un debate que últimamente está muy de moda, por lo menos en mi entorno. Pero yo sí que creo que el fútbol y la poesía tienen cosas semejantes, algunas muy poéticas y algunas muy sencillas. Pero, mira, te voy una decir una cosa que me parece igual en la poesía que en el fútbol y, además, tiene algo de filosófico. Cuando uno está jugando al fútbol y mete un gol, aunque esté jugando en el Bernabéu o en el callejón de detrás de su casa, siente algo especial, ¿no? Tú eres un niño, estás ahí jugando con tus amigos… ¡pumba! metes gol: vives algo especial, algo distinto a todo; y eso, tanto jugando en un patio como jugando en el Bernabéu. Bueno, pues un poeta cuando termina un poema a veces siente también algo especial, y ese sentimiento es el mismo en un poeta que empieza que en un poeta que es Premio Nobel. Creo que es algo similar en el fútbol y en la poesía. Y pienso que hay más cosas, ¿eh? Pero esa es una muy bonita, en la que no habías pensado.
- ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Bueno pues estoy terminando un libro de poesía, que quiero publicar en enero del año que viene -siempre publico los libros en enero- si este verano puedo trabajar con el cuidado y el tiempo que espero.
- Pablo, ¿qué le dirías a una persona joven como tú eras entonces, que siente interés por la poesía, siente despertar su vocación?
Pues que lea mucho, que no tenga vergüenza de declarar al mundo su deseo, su gusto y su amor por ser poeta,  que lo pase bien, y que disfrute mucho de la poesía. Eso es todo.
            Espero que os haya resultado interesante.

                                                                                                                       Helena Suárez