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martes, 30 de abril de 2013

Palabras de aire, voz de llegada. Entrevista a Pablo Méndez


            A Pablo Méndez lo he mencionado ya varias veces por ser el editor de una de las mejores colecciones de libros de poesía, como es Baños del Carmen, perteneciente a Ediciones Vitruvio. Hasta el momento no ha habido lugar para comentar que también es uno de los mejores poetas del panorama nacional, conocido quizás sobre todo por su premiado Ana Frank no puede ver la luna. Sin embargo, esta vez he tenido el lujazo de hablar con él acerca de su faceta poética con motivo del XXº aniversario de la publicación de su primer libro Palabras de aire. No todos los días tiene uno la oportunidad de preguntar lo que quiera a un poeta de esta talla, así que aquí transcribo la conversación que tuvimos porque, en mi opinión, no tiene desperdicio.
-En primer lugar, ¿cómo surgió tu vocación por la poesía?
Yo he escrito desde niño. La verdad es que no te sé decir ni cuándo empecé ni por qué, porque siempre me recuerdo escribiendo poesía. Tengo un medio poema escondido y guardado en casa que compuse con casi siete años. Así que siempre me gustó escribir; aunque luego hubo algún acontecimiento en mi vida que me hizo ya hacerlo de forma compulsiva, a todas horas, casi en todas partes. Pero lo que es escribir siempre me gustó y siempre lo hice.
 
Palabras de aire. Ed. FLH, Córdoba, 1993
 
 
- Y ¿cuál fue ese acontecimiento, si se puede saber?
Me echaron del Colegio San Agustín, que era un colegio donde estaba muy feliz y estaba a gusto, aunque no estudiaba y suspendía. Cuando llegué al otro colegio tuve una sensación como de exilio, de nostalgia, de no estar donde debía, de mirar todo aquello como una cosa pasada feliz… y yo creo que la poesía se me hizo mayor después de todo eso.
- Has dicho que fuiste mal estudiante, pero en Literatura destacarías… ¿o tampoco?
Sí, en literatura destaqué al final; pero realmente es verdad que sí fui muy mal estudiante toda la vida. Lo que no tuve, tristemente, fue un profesor bueno, que me orientara, que me ayudara, que tuviera interés por lo que yo escribía; me faltó la figura que yo ahora veo mucho, porque tengo muchos autores y muchos amigos que son así, es decir, la figura de un poeta o de un profesor que le gustara la idea de tener ahí un chico que escribiera poesía. Y eso lo pagué quizá en los últimos años con cierta soberbia con respecto a los profesores que tenía, y pensaba que sabían menos que yo. Yo creo que sabían menos que yo en este caso.
- En ocasiones hablas de Una fecha hacia la nada como tu primer libro. Entonces, ¿consideras Palabras de aire solo una tentativa?
Sí, claro. Palabras de aire salió cuando yo era muy joven, y la verdad es que es un libro muy adolescente. Cuando estaba yo ahí en ese momento me pareció muy importante; y ahora me hace ilusión lo de los veinte años, porque es uno de esos libros que luego los miras con cariño cuando pasa el tiempo y los quieres. Pero... sí, lo considero una primera tentativa, una voz de llegada.
 
Pablo Méndez un año después de publicar Palabras de aire, con Juan Carlos Mestre y Ángel Guinda
 
 
-¿Cómo conseguiste publicar tu primer libro? Contactos, financiación…
Fíjate, buena pregunta. Pues yo formaba parte de una asociación muy divertida entonces que se llamaba Asociación Fraternidad Literaria y Humana, (un nombre así muy raro, pero no era nada religioso ni extraño, que parece que tenía nombre como de secta, pero no lo era) y hacía en Córdoba una revista muy bonita, con mucha economía de medios, que se llamaba Madinat Al Zhara, donde yo escribía mucho, les mandaba mis poemas y me los publicaban. Entonces tuvieron un proyecto muy interesante, para el que creo que contaban con alguna subvención, que era llevar la poesía a los pueblos pequeños tanto de Castilla La Mancha como de Andalucía, publicando un par de libros (uno era el mío y el otro, una novela) y esos dos libros ir presentándolos por los distintos pueblos. A mí cuando me contaron ese proyecto me gustó mucho la idea de escribir y que contaran conmigo para todo. Luego estos proyectos, como siempre, se quedan a la mitad, pero gracias a Dios se publicó mi libro y después sí, fuimos a un par de pueblos, yo creo que a tres, y ahí se quedó. Pero fue una experiencia muy enriquecedora. La idea era muy sencilla, pero bueno.
-¿Significó esta publicación un antes y un después? ¿En qué sentido?
Pues sí, para mí fue importantísimo. Pues, fíjate, por lo que estábamos hablando antes: un niño que está en 3º de B.U.P, como estaba yo entonces, en un colegio además muy pequeño, mal estudiante, y de repente publica un libro con todo lo que eso significa, es decir, tener que ir a presentarlo fuera de tu ciudad… claro, aquello para mí fue muy importante. Fue como descubrir otra vez la vida, descubrir que había una vida que me esperaba detrás muy emocionante, que yo ya llegué a pensar que no la había. Pero la había y estaba siempre detrás de la poesía.
- Y a la hora de proyectar  tu vida, ¿cómo influyó?
Me ayudó a conocer el mundo de la poesía, que es muy complicado, y yo creo que hay que conocerlo bien, porque ahora hay gente joven que me da la sensación de que no lo conocen del todo. El poder conocerlo desde muy pronto me ayudó a tener las cosas claras con respecto al futuro, porque en esos años tomé la decisión de que quería vivir de la poesía sí o sí. Era lo que más me gustaba, llevaba unos años que no hacía otra cosa más que leer poesía a todas horas, en todos sitios y a todos los autores de una forma obsesiva y brutal. Descomunal, vamos. Así que decidí que lo único que quería hacer en la vida era vivir vinculado a la poesía.
- ¿Te reconoces en los poemas de entonces? ¿Qué queda de aquel Pablo Méndez?
Muy poco. Palabras de aire se publicó en el 93, tardó en publicarse como mínimo seis, siete meses; o sea, que lo podían haber publicado prácticamente en el 92. En Cadena perpetua, que es el libro donde yo he recogido toda mi obra, hay dos o tres poemas de ese libro, que son los que a mí me gustan, pero de forma muy velada.
- ¿En qué ha cambiado?
No lo sé, porque lo que cambia uno no lo ve uno mismo. También estamos hablando de un niño, ¿no? porque con esa edad… La verdad es que no lo sé.
- Llevando una editorial de poesía, ¿no sientes cierta envidia sana cuando lees poemas brillantes de otro escritor? ¿o crees que leer tanta poesía por tu profesión te ayuda a su vez a ser mejor poeta?
Envidia sana no, todo lo contrario. Me alegra mucho cuando leo buenos poemas de otros autores, es más, es lo que busco, para luego poderlos publicar. O sea, que estoy siempre deseando leer poemas buenos. Y no creo que el estar leyendo poesía todo el día sea bueno para mi obra. En general, creo que no te ayuda leer poesía una vez que ha pasado tiempo, sino que hay unos años en los que es muy importante leer mucha poesía cuando uno está empezando a descubrirla, a ser poeta, digamos. Y años largos. No hablo de dos o de tres, sino… quince. Pero después ya uno sigue leyendo por placer, pero no creo que sea fundamental en su obra, siempre y cuando lo haya hecho mucho tiempo y lo haya hecho bien.
- ¿Qué tal compaginas tu vida de poeta, con la de editor y la personal?
Regular. Pienso que si no fuera editor escribiría más y me ocuparía más de mi poesía. Pero va por etapas, ahora estoy en un momento en el que estoy consiguiendo escribir más, pero ha habido momentos en que se me ha hecho muy cuesta arriba, porque estar todo el día con la poesía de otros te quita las ganas de luchar por la tuya. Va por etapas.
 
Pablo Méndez en el Rincón de don Antonio, Café Comercial, 2012
 
- Me consta que tu segunda pasión es el fútbol, ¿tiene alguna relación este deporte con la poesía?
(Risas) Bueno, eso es un debate que últimamente está muy de moda, por lo menos en mi entorno. Pero yo sí que creo que el fútbol y la poesía tienen cosas semejantes, algunas muy poéticas y algunas muy sencillas. Pero, mira, te voy una decir una cosa que me parece igual en la poesía que en el fútbol y, además, tiene algo de filosófico. Cuando uno está jugando al fútbol y mete un gol, aunque esté jugando en el Bernabéu o en el callejón de detrás de su casa, siente algo especial, ¿no? Tú eres un niño, estás ahí jugando con tus amigos… ¡pumba! metes gol: vives algo especial, algo distinto a todo; y eso, tanto jugando en un patio como jugando en el Bernabéu. Bueno, pues un poeta cuando termina un poema a veces siente también algo especial, y ese sentimiento es el mismo en un poeta que empieza que en un poeta que es Premio Nobel. Creo que es algo similar en el fútbol y en la poesía. Y pienso que hay más cosas, ¿eh? Pero esa es una muy bonita, en la que no habías pensado.
- ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Bueno pues estoy terminando un libro de poesía, que quiero publicar en enero del año que viene -siempre publico los libros en enero- si este verano puedo trabajar con el cuidado y el tiempo que espero.
- Pablo, ¿qué le dirías a una persona joven como tú eras entonces, que siente interés por la poesía, siente despertar su vocación?
Pues que lea mucho, que no tenga vergüenza de declarar al mundo su deseo, su gusto y su amor por ser poeta,  que lo pase bien, y que disfrute mucho de la poesía. Eso es todo.
            Espero que os haya resultado interesante.

                                                                                                                       Helena Suárez



domingo, 31 de marzo de 2013

Lo que lluviosa la noche quiso contar


            La última presentación a la que asistí tuvo lugar en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, situada en la calle Leganitos nº 10 y fundada en 1871. Fue el pasado jueves 7 de mayo, -día lluvioso donde los haya- y se trataba del último poemario de la escritora María Juristo, es decir, Cuanto dijo la noche.

            Como introducción, Pablo Méndez contó una anécdota que le sucedió con el presentador José López Martínez: “Un día, que llovía como hoy, le tuve que obligar a llevarse un paraguas cuando salía de la editorial, porque no quería y en ese momento tampoco llovía demasiado; hizo bien en hacerme caso, porque en cuanto salió del portal calló una tromba de agua. Fue él quien me presentó a María Juristo, una autora con una voz distinta, original, que escribe una poesía no fácil, pero sí muy honda,” señaló.

A su vez, López Martínez dijo sobre la poeta que gozaba de “una madurez asentada sobre sus propias vivencias pues, como expresa Goethe, «la vida tiene siempre recodos imprevisibles»” que, por supuesto, influyen en la poesía de Juristo. También nos anunció que veía en su literatura un “fortalecimiento creativo desde su novela Las falsas lágrimas de la Gioconda” y que “Cuanto Dijo la Noche, dividido en cinco partes complementarias y abarcadoras, es otra presencia apasionada de María Juristo, sin temor y con valentía”. Con este título “la autora nos sitúa en el punto exacto de su poesía, el momento de la noche” -durante el cual parece haber compuesto-, nos presenta periodos de “cansancio y búsqueda, va acumulando decepciones, dolor,” y describe aquello que normalmente “nadie escucha en la oscuridad: la rueda del tiempo y de la vida”, pues “cuando uno lee sus páginas asiste a una realidad poética nutrida con la reflexión y con la libertad”. En efecto, “el texto literario tiene su código y una grandeza que aleja de la mediocridad habitual en la vida diaria”, advirtió.

            A pesar de esto, el periodista observó que “la presencia de un libro, por muy cuidada que sea, debe ser objeto de crítica literaria”; no obstante, consideró mejor dejarla para otro momento, de un lado, porque una presentación “es un acto social”, y no es el lugar apropiado para esa tarea y, de otro, porque “quien realmente conoce el alcance del libro es el propio autor, y lo de los demás son solo aproximaciones”. Finalmente aseguró que “María Juristo siempre nos va a tener en vilo, tanto si se trata de un libro de poemas, como una novela o una canción”, porque “por los escondidos rincones de su cerebro duermen los hijos de su fantasía”, esperando a ser despertados ya sea en papel o en una partitura.

A continuación, Jesús Jiménez Reinaldo, profesor y también poeta, antes de comentar lo más sobresaliente de la obra de Juristo, compartió con los asistentes el hecho de que “cuando coincidía con María en alguna presentación, me recordaba que habíamos publicado en una editorial común”. Se refería a la editorial Devenir, donde ambos divulgaron sendos poemarios, a saber, La mística del fracaso uno, Descifrando la nada la otra. Posteriormente nos enumeró los grandes temas que, consideraba, había en Cuanto Dijo la noche: “el paso del tiempo, la muerte, el ser amado, la pervivencia de las palabras”, a través de ellos presenta una “mirada desgarrada hacia la voz del mundo”. Además, advirtió que las secciones que lo dividen llevan por título “un sintagma preposicional con «de»”, por lo que “son un tema de aproximación”; y destacó algunos de los poemas, como “En mis tres muertes”, que consideró el más significativo de la primera parte llamada Del sudor de la misericordia; en la segunda parte Del amor que me captura descifró una “voz poética haciendo referencia a un tú” con el que compartió un ayer, y alguna referencia al bíblico Cantar de los cantares; distinguió especialmente los poemas “Vasija de barro”, por su belleza, y “Venecia”, por su indagación del significado de la existencia. Este es rasgo un característico de los versos de María Juristo, a los que llega el ejercicio metafísico de la meta-literatura, fundamentalmente presente en Del alba oscura, la tercera parte. Algunas referencias a la Guerra Civil encontramos en De Pecios, la cuarta parte y en la quinta, Del mar y los vientos, utiliza estos elementos “herederos de la tradición cristiana y de los clásicos, como toda una alegoría de un anhelo infinito”. En definitiva, en palabras de Jiménez Reinaldo, “la poesía de María Juristo, atemporal la mayoría de las veces, se presenta para hablar de la condición humana mediante unos versos descarnados a la par que hermosos”.

Entonces, José López Martínez dio paso a la intervención de la autora que, en primer lugar, dio las gracias por haber comparecido “esta tan tarde desapacible” entre otros a los “compañeros que entienden mi poesía y me han acompañado en estos momentos literariamente difíciles”; en efecto, allí se encontraban grandes poetas como Emilio Porta, Lola de la Serna e Hilario Martínez Nebreda. Un colaborador suyo leyó unas “palabras previas” escritas por ella y el poema “En el sudor de la misericordia”. Después María Juristo recitó “Cuando un suave resplandor”, “Pasos”, “De forma imprevista”, “Dies Irae, Dies Illa” (dedicado a Ángeles Yagüe, que murió en su casa en un incendio; según nos contó la escritora, tenía un problema físico que le impedía andar con normalidad), “Tú, el invisible”, “Pasaron los años”, “Venecia”, “Vasija de barro”, “Empápame”, “Trébol de Haykus”, “Dirás”, “Empozado dolor”(del cual nos contó, a pesar de que no le gusta explicar los poemas y de que cree que no se deberían explicar nunca, que habla de un dolor muy fuerte que sufrió), “Habito el espacio”, “Moldeé el fuego”, “Se agachó mi boca”, “Sólo en la luz”, “Estupor”, “Quisiera ser”, “Tahona, barras de tahona”, “De gris”, “Trombas” (esta parte del libro «Del Mar y de los vientos» tiene que ver con su primer contacto con el mar Atlántico que, en palabras de la autora, “es un océano, un abismo, experiencia que quise retratar”), “De profundis clamabit” (un canto de misericordia y amor a las gentes de las pateras) “Vagabundo”,  Paso mi lengua”, “La pulpa del agua” y, por último,  a modo de canción andaluza, “La Mar estaba sola”.

Tras haber finalizado su parte, José López Martínez, que actuaba en esta ocasión como moderador, afirmó fascinado: “¡Qué bien lee sus poemas María Juristo! Después de escucharla recitar nos parece el libro mucho mejor”, y para clausurar el acto nos refirió una anécdota acerca del último libro que presentó Luis Rosales en el Círculo de Bellas Artes: “un crítico del ABC hizo el comentario y cuando terminó, el autor le dijo: ʺno tuve en cuenta nada de lo que has dicho, pese a que has hecho un trabajo admirableʺ. Esperemos que María Juristo no haya pensado lo mismo a cerca de los nuestros”.

Os dejo este poema de muestra.
 
María Juristo



Conjuro

  
No pude hacerme invisible
en el rincón de las sombras
para amarte tras el pórtico
de tu corazón violeta
sin que supieras de mí.

Ni albergar este secreto
en algún cubil del tiempo,
o en la inverniza neblina
que se desnuda en el mar.

No pude ser de tu luz,
la prohibición hecha fruto
que una insolente varita
descubriese tras el velo
de los dioses peregrinos
cuando en copas enjoyadas
absorbían la ambrosía ardiente
de los astros.

Mi piel,
del color de la quimera,
no lograba disfrazarse,
ser la túnica embozada
que protegiese del mundo
mi pasión amanecida.
Ni que advirtieras
que a solas,
eras, en mis penumbras,
el tumulto de la noche
cabalgando en mi deseo.

Más hoy,
sé de un conjuro tallado
sobre la gema del lirio.
Yo, milenaria en voces
a orilla de las montañas,
invoqué a la luz
debajo de los secretos
y oí el rumor
de los jacintos.

Preguntó por mí
a los hombres que adivinan
antes de salir el sol
para irradiarme toda
y fui a su encuentro
en el fondo de un espejo
que me amaba.

Canté un solo traspasado
por exhalaciones puras,
rocé la cúpula sacra
sin que mi boca sangrase
junto a las ángeles ciegos,
pinté la tuya
lamiendo mi piel
aprendiz en la tiniebla.

Y así acaeció el prodigio:
La luz, en mí,
tomó mi cuerpo umbrío,
me hizo suelo, muro
espacio duplicado.
Me hizo tu sombra.

 
¡Qué paséis una buena Semana Santa! Hasta pronto.

Helena Suárez

 

miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Otra poética tarde de viernes?


Odio acudir a las presentaciones sin haber leído antes el poemario que se va a recitar. Sé que así también tiene su encanto, pero prefiero crearme expectativas, tener cierta idea de lo que voy a encontrar. Esta vez no pude hacerme a tiempo con un ejemplar de Otra maldita tarde de domingo de Néstor Villazón, así que llegué el viernes al Café Comercial con un gran interrogante que desvelar.
            Los presentadores del acto no pudieron hablar mejor del libro. Pablo Méndez afirmó que “le había parecido especial desde el principio” y apuntó a la tradición de libreros-poetas, como Luis Cernuda y el propio Villazón, que está adquiriendo terreno frente a la ya dilatada de editores-poetas. El escritor Iñaki Echarte Vidarte compartió con el auditorio la intriga que le planteó Villazón cuando le conoció: “¿Quién será este asturiano que ha empezado a trabajar en esta tienda y que mira todo con esos ojos tan abiertos?”. Aludió a los numerosos premios literarios con los que había sido laureado    –lo cual acrecentó mi curiosidad, principalmente porque el autor no excedía de los treinta años–. Y entonces, pasó ya a hablar de la obra, en la que observó momentos “llenos de monotonía, de cafés y, sobre todo, de amor”, donde alternan “poemas desengañados con algunos micropoemas sorprendentes”.

 
            Posteriormente el turno de palabra recayó en el autor: “Para mí es una gran alegría que haya salido esto adelante”. Y, entonces, para corresponder los elogios expresados por sus presentadores, decidió leer un texto de cada uno, a saber, “Mentiras de agenda”, perteneciente al poemario Ana Frank no puede ver la luna de Pablo Méndez, y “El lenguaje de los pájaros”, incluido en Blues y otros cuentos de Iñaki Echarte Vidarte, concluyendo: “quería hacer un mínimo homenaje a ambos por su apoyo”. Y cuando ya le tocaba comentar su libro, advirtió que “hay varios tipos de presentaciones”: aquella en la que el autor con sus simpáticos comentarios se mete al público en el bolsillo; aquella en la que se hace un análisis detallado de las partes en las que se estructura la obra, y aquella en la que se desvela la idea o el hecho que originó cada uno de los poemas. Y entonces añadió: “lo último no voy a hacerlo, y para las otras dos formas no estoy preparado”, lo que arrancó numerosas sonrisas por lo inesperado del comentario. Él prefería leer sus poemas simplemente para que fueran escuchados. Así recitó “Memorias del tiempo presente”, “Lástima”, “A un padre imaginado”, “Poética”, “El trapecista”, “El origen de toda monotonía” “Conclusión para toda monotonía”, y el poema más breve, con el que concluye la obra, sin título. Por aclamación agregó dos más a esta lista: “Desde tu torre”, el único soneto del poemario, y “Hechos”. Y así terminó el acto con la misma sencillez con la que empezó.
            Entre los asistentes se encontraban compañeros de La Casa del Libro y la poeta, paisana de Villazón, Herme García Donis.
            Cuando por fin me fui con mi ejemplar de Otra maldita tarde de domingo y empecé mi particular andadura por sus páginas, mientras el metro avanzaba hacia mi destino –que no estaba precisamente próximo–, sentí que esos poemas me atrapaban, por su naturalidad, su temática tan cercana, por la sorna existente, esperable en estos tiempos donde los que deberían estar velando por el bienestar comunitario parecen creer tomarnos el pelo…
             Llegué a mi parada a la velocidad del rayo y me pregunté si esta vez el tren habría atravesado un túnel del tiempo. Sin embargo, mi reloj contradijo esta hipótesis. Miré de nuevo la portada del libro que llevaba en la mano… Otra maldita tarde de domingo… Pensé, sin duda esta no ha sido otra tarde de viernes, esta ha tenido alma y cuerpo. Pronto acudiré a alguna librería en busca de alguna obra más de este autor y, quién sabe, quizás sea el mismo Villazón quién allí me la proporcione.
            Para que entendáis mi entusiasmo, os dejo este poema tan humano, que tan bien expresa el sentimiento filial y la importancia en nuestras vidas de tener un padre o no tenerlo.

 


A un padre imaginado

 

Cuando olvides un nuevo hijo –y lo harás
piensa que has sido malcriado y detente,
averigua de dónde llega
esa sonrisa que ahora cultivas.
Mantén la templanza en sus primeros años
pues será nuevo y será eterno
mientras dormite entre sueldos y fábricas
de ensueños ve tejiendo, discretamente,
una farsa más, como si nunca hubieras estado ahí,
como si el chico no te conociera.
Desaparece, como si un mago se posara
en el camino de un nuevo comienzo
de la primavera. Y mantén el pulso,
jamás guardes rencor a quien por ti
fiará toda calumnia en tu espejo.
Y aprende de él –cada día sucede
algo repetido que no regresará, y
sincérate, aunque sólo sea por compasión,
muéstrale apoyo y bondad en sus actos.

Crecerá, por lo tanto,
vuelves a desaparecer, que continúe,
y así ignora este camino que te espera
hasta el día en que llegue su poema
a tus manos: es el momento,
ese es tu gran logro: el chico
aprende. Lástima
que yo no te conozca, padre
que no has rodeado mis instintos,
ficción de un lugar que ya ha sido ocupado.
Escucha: no guardo rencor,
guárdamelo tú a mí,
pues este verso no va dirigido
al padre que este hijo hubo de tener
sino a aquel que seré por mi naturaleza
perdida y obligada, sin tu ayuda.
No martirices más a mi conciencia
y sigamos nuestro camino.

Discretamente tuyo
para el olvido.

            Tu hijo imaginado.



                                                                                                                         Helena Suárez

viernes, 1 de febrero de 2013

Feroces de pensamiento… muy feroces


En esta ocasión nuestra aventura poética ha transcurrido en un marco distinto, con motivo de la reapertura de la mítica librería madrileña Fuentetaja en la calle San Bernardo nº 35. Yo no tuve oportunidad de conocerla en su anterior andadura, pero el actual establecimiento mantiene lo histórico del edificio y a su vez goza de un aire moderno y minimalista, con la idea de que sea, más que una librería al uso donde adquirir ejemplares, también un lugar agradable para disfrutar y compartir la lectura, tomar café, y asistir a actos culturales.  Así, el sótano del local, antigua bodega, sirvió el pasado viernes como escenario a la presentación del segundo poemario de Javier Cristóbal, a saber, “Feroces de pensamiento”.
            Pablo Méndez declaró a propósito de la reinauguración que “esta librería tiene que estar abierta porque es un sitio mágico”, recordando que la escritora Emilia Pardo Bazán tuvo su casa en el inmueble, y sobre Javier Cristóbal que el libro iba a lograr situarlo entre los poetas contemporáneos importantes.
            El resto del acto transcurrió en un formato más de entrevista radiofónica que realmente de presentación. Por supuesto se habló del libro, pero se eliminó ese aire solemne y elevado que suelen tener, a cambio de uno más fresco y vivo, espontáneo, sin que ello redundara en detrimento de la calidad poética; todo lo contrario, el evento estuvo plagado de momentos literarios exquisitos. El peso del discurso recaía a medias entre el presentador Miguel Velayos y el autor, con breves intervenciones de cómplices habidos entre el público.
           Os voy a invitar a acercaros a Feroces de pensamiento” comenzó Velayos. Javier Cristóbal se apresuró a aclarar las posibles malinterpretaciones que este título podría generar: “Pretende ser una propuesta, pero no de violencia. La ferocidad es una cualidad de las personas: no se pueden hacer cosas feroces, sino solo ser feroz haciendo cosas.” “Y esta ferocidad va avanzando a lo largo del libro”, comentó Velayos a propósito del poema Irrealidades que hace alusión a unos versos de Rilke: «porque lo bello no es sino el comienzo de lo terrible». “En todo proceso hay una ferocidad y una pérdida,” explicó nuestro poeta, “lo bello hay que ganárselo. La belleza es una conquista constante, y la soledad es una consecuencia directa de esta ferocidad.
Además Velayos advirtió que en el poemario surgen distintos “personajes feroces: el sonámbulo, el extranjero, el heroinómano… personajes marginales”, en definitiva. “Marginal es un término ambiguo”, matizó Cristóbal, pues lo que busca es “transitar en los márgenes para construir el propio espacio feroz.” Pero ¿en qué sentido es necesario construir un espacio feroz? Hizo ver que frente al dinero, que es la “ideología dominante”, nosotros tenemos que recuperar la palabra, “porque ya no es nuestra”. Somos nosotros los que tenemos que construir el sentido, y esto solo es posible mediante el lenguaje.
Al respecto recordó una frase de José Ángel Valente: «En la poesía lo primero es crear y lo segundo comunicar». Por ello, “se trata de indagar, escaparme de los espacios dominantes, crear mi propio espacio y hacer revolución. La revolución no es solo una cuestión política, sino de toda la vida: consiste en repensar todas las relaciones,” y esto es imposible sin la palabra, porque lenguaje y pensamiento van unidos. Así, considera que solo a través de esta capacidad logramos “ferocidad y un grito propio”. Y desde su obra procura “invitar a que la gente cree su propio mundo, porque la existencia es solo una”.
A propósito de la cita de Valente, Velayos quiso aportar otra que mantenía también esta idea: «la poesía es caer en la cuenta». “Sí,” apuntó Cristóbal, “Valente decía que «el arte, la poesía no alojan solo el sentido, sino que alojan la totalidad del despertar»”, y entendida de esa forma, “la poesía nunca es una palabra pragmática, sino que en sí misma posee todo el sentido. Por lo tanto, me considero un poeta que pretende hacer una revolución holística”, admitió.
Velayos, además, reparó en la “ironía salvadora” que se percibe en muchos poemas que “van en la línea de desdramatizar, de jugar”. “La poesía es como un juego,” afirmó Cristóbal, mostrándose de acuerdo, “y es que el juego es lo más importante de todo. Yo escribo porque me gusta jugar con las palabras.” De esta suerte, “quiero desterrar la idea de que «la poesía es cursi», porque la poesía puede ser un ámbito totalmente feroz.
De otra parte, “el libro es un diálogo con una infinidad de autores, no solo escritores, sino también músicos, filósofos…”, declaró Velayos. “El poeta no debe vivir en una biblioteca,” se explicó el Cristóbal, “sino que escribe viviendo. El poeta vive y luego transcribe esos momentos.” De esta forma justificó sus numerosas influencias interdisciplinares y añadió: “una de las cosas más feroces es una guitarra eléctrica. De hecho, si Nietzsche estuviera vivo, seguro que le gustaría la música electrónica.” Tras la mención del filósofo, aprovechó para comunicar otra de las ideas que deambulan por el libro: “La historia de la humanidad es una domesticación del pensamiento. Las diferentes formas de violencia no esconden sino un pensamiento domesticado; pero yo creo en lo contrario: ser feroz de una manera ni violenta ni domesticada.
Sin embargo, “el libro está plagado de ternura, por ejemplo, el poema Domingo; la ternura, el amor… ¿pueden ser un momento feroz?” cuestionó Velayos. Cristóbal, por su parte, consideró que sí es posible: “la ternura es cuando uno se desarma y en ese momento es cuando es más feroz.” También arguyó Velayos cierta “línea anticonstitucional”, a saber, la “necesidad de crear otros espacios y romper con algunas instituciones, así como de convencer a los jóvenes de que no se dejen llevar por el miedo” “…y de la necesidad de ser desobediente”, agregó Cristóbal, “sin desobediencia no somos nada. Quien no desobedece, solo reproduce. De hecho, el propio momento de escribir es una desobediencia.” Igualmente mostró interés por desterrar el “mito de la madurez”, porque “muchas veces consiste en una connivencia con lo establecido. Uno no puede conformarse, ni perder la energía transformadora del universo. No perder el asombro, ni el entusiasmo, perder el telón de la cotidianidad, ver las cosas de otro modo.” En efecto, Miguel Velayos aseveró que “la vida y la esperanza se abre paso pese a todo” y que en Feroces de pensamientoveo mucha vitalidad.
Para finalizar el acto el autor expresó su deseo de que “el libro ande y se defienda solo y mis poemas se hagan mayores, conozcan gente y conozcan mundo.
Entre los asistentes se encontraban alumnos y compañeros de Integración Social, y también escritores como el gran poeta Alberto Infante y Daniel Romero, del que ya muchos esperan su primer libro.
            No quiero terminar mi entrada sin añadir un poema que refleje lo que significa esta ferocidad. Yo me inclino por el lado de la ternura, del que rebosa “Nocturno”. ¡Que lo disfrutéis!

 

            No importa que algún día me arrepienta
¿qué es eso de vivir con tal prudencia
que ni sentir me deje esta ternura
por miedo a sucumbir en tu mirada?

Tú no eres mía y yo te quiero
ajena a los planetas que te llaman
dormida entre mis lunas, soñadora
de barcos de papel y de galaxias
tumbada en tus cabellos,
como un hada
que sabe los secretos y descansa

Así que no te extrañe si despiertas
desnuda y deliciosa en la mañana
y sientes que hace un rato que te observo:
No es dado al ser humano con frecuencia
seguir en su letargo a la belleza.
 



           
 
             Nos vemos en la siguiente presentación.

Helena Suárez

 

 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

¡Mira… qué tarde de poesía!


 

El pasado viernes, 14 de diciembre Ediciones Vitruvio puso broche final al año con la presentación del poemario Mira de Eduardo Merino Merchán, publicado en la prestigiosa colección Plaza Mayor. El acto tuvo como sede el Café Comercial, donde acudió un gran número de amigos, familiares y poetas, que agasajaron al autor con su presencia en un ambiente poco menos que festivo.

 
José Luis Fernández Hernán, respetable crítico, nos introdujo en la obra de Eduardo, mediante un profundo análisis de los temas e inquietudes allí manifestados. La calificó de machadiana, por su estilo sencillo y sin florituras, y resaltó al que consideró como telón de fondo, es decir, al amor conyugal. A su juicio, en Mira está muy presente la calma y la hondura que caracteriza a este tipo de afecto. Ciertamente, frente al amor meramente erótico, en el que los amantes miran dentro de los ojos de su pareja tan solo para poseerla -dada la condición finita y aprehensible de los ojos del cuerpo-, en el amor matrimonial miran los ojos del alma, que son infinitos. Esta clase de intimidad se entrega al tiempo, donde resiste y al mismo tiempo acaba. En Mirabrilla la compañía, el silencio de manos juntas aunque no lo estén”. Se refleja esa idea hermosamente expresada por Antoine de Saint-Exupéry: "Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección". En efecto, no se trata de posesión o de ambición, sino de compartir. Sin embargo, ante ellos aparece “el mal”, una amenaza metafísica alguna vez concretada, la mayoría, vaga; el “templo o palacio”, refugio donde el tú y el yo se reúnen, y las palabras, la expresión, que constituyen el armamento que exorciza contra él.

A continuación, el autor, actual librero de la complutense, nos ofreció su propia visión acerca de su libro. Recordando sus años como estudiante y al profesor, Fernando Lázaro Carreter, reconoció que, discrepando de su doctrina según la cual la manera de acercase a la obra es tomar en consideración meramente el texto “per se”, sin referencia alguna a su autor, Mira sí era “un libro con autor”, afirmando lo imposible de desligar al primero del segundo. La definió como “la historia de un intento de salvación de un mal, una conjura”: “Se intenta vivir tranquilo, en el palacio de la luz, y con esa misma persistencia nos alzamos”. Se trata pues de una trayectoria por la vida procurando evitar la tempestad amenazadora, pero plantándole cara cuando es necesario.

Compartió con los asistentes el hecho de que la segunda parte del libro está dedicada a un amigo, fallecido a raíz de un duro cáncer: “Nos ayudó a luchar contra nuestro mal y terminó sucumbiendo por su propio mal”. En él está inspirado el poema Un pino no alumbra una vida

“…Un pino no sustituye una vida
ni alumbra el sinsabor de la penumbra.
Pero queda. Como queda marzo
trasplantando el dolor de esta derrota
que este otro mal trocea en la ceniza
primitiva y tenaz que en nuestras ramas
quema.”
 

Tras finalizar el evento, el homenajeado se fotografió con compañeros poetas que allí concurrieron para manifestar su aprecio y felicitarle por esa nueva publicación. Algunos de ellos fueron Paco Caro, muy feliz siempre, Rafael Soler, ya de vuelta de su viaje por las américas, David Morello, Ana Ares y Paco Moral, Antonio Daganzo, Raúl Nieto de La Torre y su guapísima Melisa, Eduardo Martínez y su mujer Magrette, recién llegados de la costa, y Miguel Cuerdo Mir.

Por último, llegó el turno de la firma de ejemplares, momento de intercambio entre escritor y lector continuamente interrumpido por flashes irreprimibles.

Y así acabó la última publicación de Ediciones Vitruvio en el 2012, y acaba también mi última entrada hasta el 2013. Hasta entonces os dejo con el poema más conmovedor, a mi juicio, de Mira titulado Adamar (cfr. San Juan de la Cruz, estr. 23, Cánt. Esp):

 
Te leo la palabra más hermosa:

la que me haba de doblemente amar,

la de verdad más clara del idioma

la de más amplia y profunda semilla

de mi lengua.

La palabra más hermosa y en calma

del idioma.

La que te habla de doblemente amar

pero quizás de amar de dos maneras:

la que mira mi voz cuando te nombra

la que escucha tu amor cuando me miras.

 

            A todos…¡felices fiestas!

 

Helena Suárez