domingo, 26 de enero de 2014

Más almíbar que ácido

            Sí, sí, sí, encontré trabajo, por eso me he perdido bastantes actos de poesía en los últimos meses, pero una cosa es encontrar trabajo y otra muy distinta perderse una presentación de Rafael Soler, que si tengo que volver a la cola del paro pues vuelvo… la poesía y sus grandes nombres tienen que estar por encima de todo.



                                          
                                           Pablo Méndez, Rafael Soler y Luis Alberto de Cuenca



             El caso es que Rafael Soler lleva en poco menos de cinco años tres libros de poesía muy notables, el primero Maneras de volver, que ha sido todo un éxito nos lo descubrió a muchos como un poeta sobresaliente, el segundo Las cartas que debía, confirmaba las predicciones y este tercero, Ácido almíbar nos lo consagra como una voz necesaria.
            Iniciado ya el acto, Pablo Méndez saludó al respetable (pocos actos de poesía tienen tanto y tan nutrido público) y mostró su contento con la publicación. Miré yo con detenimiento al director de Ediciones Vitruvio porque sé que ha sido padre hace unos días pero no vi grandes ojeras, bostezos, ni otras debilidades de quien tiene un bebé en casa. Y para la presentación otro lujo, Luis Alberto de Cuenca, poeta setentero y cañón, siempre elegante y cuidadoso que sabe presentar un libro como nadie, ni mucho ni poco, breves pinceladas y la voz de la experiencia junto a la de la simpatía.
            Después Rafael Soler nos fue desgranando su ácido almíbar poco a poco como quien sirve un gran plato y quiere que los comensales lo degusten, lo disfruten lenta y pausadamente. No es fácil de explicar la poesía de Rafael Soler, es de esas obras que prefieren la insinuación a la realidad, que dice las cosas como sin nombrarlas, una poesía que deja al lector con la maquinaria a medias para que sea el que lee el que termina y además tiene un gran poder de atracción, es de esos poetas que al terminar un poema estás deseando leer el siguiente, aunque del anterior no hayas entendido nada, yo diría que es un poeta con un gran misterio, con el enigma de la poesía que es un enigma grande, muy muy poderoso. Hay poetas que a una le gustan y no sabe muy bien las razones, son poetas con enigma: es así, Claudio Rodríguez, Carlos Bousoño, Carlos Barral…



Impresionante aspecto de la Asociación de la Prensa 

            Ácido almíbar me parece más intenso y directo que los libros anteriores, quizá Las cartas que debía estaba más en la comunicación con el exterior, y Ácido almíbar es más la conversación con uno mismo, con su pasado, con su familia, con el lado más negro de ir viendo como los otras fallan, o se mueren, o salen del cuadro que a la postre es lo mismo. Maneras de volver era más un viaje de regreso.
            La lectura conmovió al público de una forma tremenda, los aplausos sostuvieron la sala y alguno quiso levantar al poeta como si de un diestro taurino se tratara, no llegó la sangre al libro que diría otro y al acabar se disfrutó de una copilla en un local cercano que se llenó de poetas como algunas noches se llenan de luces y de sombras.
            Por allí estaba Alberto Infante, Javier Lostalé, Diego Doncel, Javier Reverte, Ángel Guinda, José Elgarresta del que me han dicho tiene libro a punto, Alfonso Berrocal, David Morello, Fernando López Guisado, Antonio Daganzo, Hilario Martínez Nebreda, Ramón Hernández, José María Prieto, Miguel Losada, José Cereijo, José Luis Fernández Hernán, David Minayo, Raúl Nieto de la Torre, Eduardo Merino, Francisco García Marquina… en fin… una lista mucho mayor que acompañaron al poeta con devoción.




            Cuando alguien es capaz de llenar un lugar con la poesía como pretexto es que hay detrás un poeta especial pues no está el invierno para ir y aburrirnos a cualquier sitio. Si fueron un éxito Maneras de volver y Las cartas que debía, yo creo que Ácido almíbar será todavía un libro más comentado y leído, hay una flor decadente, femenina y radiante en cada poema de Soler y en este poemario crece.



                                                                                                                            Nieves González