martes, 30 de abril de 2013

Palabras de aire, voz de llegada. Entrevista a Pablo Méndez


            A Pablo Méndez lo he mencionado ya varias veces por ser el editor de una de las mejores colecciones de libros de poesía, como es Baños del Carmen, perteneciente a Ediciones Vitruvio. Hasta el momento no ha habido lugar para comentar que también es uno de los mejores poetas del panorama nacional, conocido quizás sobre todo por su premiado Ana Frank no puede ver la luna. Sin embargo, esta vez he tenido el lujazo de hablar con él acerca de su faceta poética con motivo del XXº aniversario de la publicación de su primer libro Palabras de aire. No todos los días tiene uno la oportunidad de preguntar lo que quiera a un poeta de esta talla, así que aquí transcribo la conversación que tuvimos porque, en mi opinión, no tiene desperdicio.
-En primer lugar, ¿cómo surgió tu vocación por la poesía?
Yo he escrito desde niño. La verdad es que no te sé decir ni cuándo empecé ni por qué, porque siempre me recuerdo escribiendo poesía. Tengo un medio poema escondido y guardado en casa que compuse con casi siete años. Así que siempre me gustó escribir; aunque luego hubo algún acontecimiento en mi vida que me hizo ya hacerlo de forma compulsiva, a todas horas, casi en todas partes. Pero lo que es escribir siempre me gustó y siempre lo hice.
 
Palabras de aire. Ed. FLH, Córdoba, 1993
 
 
- Y ¿cuál fue ese acontecimiento, si se puede saber?
Me echaron del Colegio San Agustín, que era un colegio donde estaba muy feliz y estaba a gusto, aunque no estudiaba y suspendía. Cuando llegué al otro colegio tuve una sensación como de exilio, de nostalgia, de no estar donde debía, de mirar todo aquello como una cosa pasada feliz… y yo creo que la poesía se me hizo mayor después de todo eso.
- Has dicho que fuiste mal estudiante, pero en Literatura destacarías… ¿o tampoco?
Sí, en literatura destaqué al final; pero realmente es verdad que sí fui muy mal estudiante toda la vida. Lo que no tuve, tristemente, fue un profesor bueno, que me orientara, que me ayudara, que tuviera interés por lo que yo escribía; me faltó la figura que yo ahora veo mucho, porque tengo muchos autores y muchos amigos que son así, es decir, la figura de un poeta o de un profesor que le gustara la idea de tener ahí un chico que escribiera poesía. Y eso lo pagué quizá en los últimos años con cierta soberbia con respecto a los profesores que tenía, y pensaba que sabían menos que yo. Yo creo que sabían menos que yo en este caso.
- En ocasiones hablas de Una fecha hacia la nada como tu primer libro. Entonces, ¿consideras Palabras de aire solo una tentativa?
Sí, claro. Palabras de aire salió cuando yo era muy joven, y la verdad es que es un libro muy adolescente. Cuando estaba yo ahí en ese momento me pareció muy importante; y ahora me hace ilusión lo de los veinte años, porque es uno de esos libros que luego los miras con cariño cuando pasa el tiempo y los quieres. Pero... sí, lo considero una primera tentativa, una voz de llegada.
 
Pablo Méndez un año después de publicar Palabras de aire, con Juan Carlos Mestre y Ángel Guinda
 
 
-¿Cómo conseguiste publicar tu primer libro? Contactos, financiación…
Fíjate, buena pregunta. Pues yo formaba parte de una asociación muy divertida entonces que se llamaba Asociación Fraternidad Literaria y Humana, (un nombre así muy raro, pero no era nada religioso ni extraño, que parece que tenía nombre como de secta, pero no lo era) y hacía en Córdoba una revista muy bonita, con mucha economía de medios, que se llamaba Madinat Al Zhara, donde yo escribía mucho, les mandaba mis poemas y me los publicaban. Entonces tuvieron un proyecto muy interesante, para el que creo que contaban con alguna subvención, que era llevar la poesía a los pueblos pequeños tanto de Castilla La Mancha como de Andalucía, publicando un par de libros (uno era el mío y el otro, una novela) y esos dos libros ir presentándolos por los distintos pueblos. A mí cuando me contaron ese proyecto me gustó mucho la idea de escribir y que contaran conmigo para todo. Luego estos proyectos, como siempre, se quedan a la mitad, pero gracias a Dios se publicó mi libro y después sí, fuimos a un par de pueblos, yo creo que a tres, y ahí se quedó. Pero fue una experiencia muy enriquecedora. La idea era muy sencilla, pero bueno.
-¿Significó esta publicación un antes y un después? ¿En qué sentido?
Pues sí, para mí fue importantísimo. Pues, fíjate, por lo que estábamos hablando antes: un niño que está en 3º de B.U.P, como estaba yo entonces, en un colegio además muy pequeño, mal estudiante, y de repente publica un libro con todo lo que eso significa, es decir, tener que ir a presentarlo fuera de tu ciudad… claro, aquello para mí fue muy importante. Fue como descubrir otra vez la vida, descubrir que había una vida que me esperaba detrás muy emocionante, que yo ya llegué a pensar que no la había. Pero la había y estaba siempre detrás de la poesía.
- Y a la hora de proyectar  tu vida, ¿cómo influyó?
Me ayudó a conocer el mundo de la poesía, que es muy complicado, y yo creo que hay que conocerlo bien, porque ahora hay gente joven que me da la sensación de que no lo conocen del todo. El poder conocerlo desde muy pronto me ayudó a tener las cosas claras con respecto al futuro, porque en esos años tomé la decisión de que quería vivir de la poesía sí o sí. Era lo que más me gustaba, llevaba unos años que no hacía otra cosa más que leer poesía a todas horas, en todos sitios y a todos los autores de una forma obsesiva y brutal. Descomunal, vamos. Así que decidí que lo único que quería hacer en la vida era vivir vinculado a la poesía.
- ¿Te reconoces en los poemas de entonces? ¿Qué queda de aquel Pablo Méndez?
Muy poco. Palabras de aire se publicó en el 93, tardó en publicarse como mínimo seis, siete meses; o sea, que lo podían haber publicado prácticamente en el 92. En Cadena perpetua, que es el libro donde yo he recogido toda mi obra, hay dos o tres poemas de ese libro, que son los que a mí me gustan, pero de forma muy velada.
- ¿En qué ha cambiado?
No lo sé, porque lo que cambia uno no lo ve uno mismo. También estamos hablando de un niño, ¿no? porque con esa edad… La verdad es que no lo sé.
- Llevando una editorial de poesía, ¿no sientes cierta envidia sana cuando lees poemas brillantes de otro escritor? ¿o crees que leer tanta poesía por tu profesión te ayuda a su vez a ser mejor poeta?
Envidia sana no, todo lo contrario. Me alegra mucho cuando leo buenos poemas de otros autores, es más, es lo que busco, para luego poderlos publicar. O sea, que estoy siempre deseando leer poemas buenos. Y no creo que el estar leyendo poesía todo el día sea bueno para mi obra. En general, creo que no te ayuda leer poesía una vez que ha pasado tiempo, sino que hay unos años en los que es muy importante leer mucha poesía cuando uno está empezando a descubrirla, a ser poeta, digamos. Y años largos. No hablo de dos o de tres, sino… quince. Pero después ya uno sigue leyendo por placer, pero no creo que sea fundamental en su obra, siempre y cuando lo haya hecho mucho tiempo y lo haya hecho bien.
- ¿Qué tal compaginas tu vida de poeta, con la de editor y la personal?
Regular. Pienso que si no fuera editor escribiría más y me ocuparía más de mi poesía. Pero va por etapas, ahora estoy en un momento en el que estoy consiguiendo escribir más, pero ha habido momentos en que se me ha hecho muy cuesta arriba, porque estar todo el día con la poesía de otros te quita las ganas de luchar por la tuya. Va por etapas.
 
Pablo Méndez en el Rincón de don Antonio, Café Comercial, 2012
 
- Me consta que tu segunda pasión es el fútbol, ¿tiene alguna relación este deporte con la poesía?
(Risas) Bueno, eso es un debate que últimamente está muy de moda, por lo menos en mi entorno. Pero yo sí que creo que el fútbol y la poesía tienen cosas semejantes, algunas muy poéticas y algunas muy sencillas. Pero, mira, te voy una decir una cosa que me parece igual en la poesía que en el fútbol y, además, tiene algo de filosófico. Cuando uno está jugando al fútbol y mete un gol, aunque esté jugando en el Bernabéu o en el callejón de detrás de su casa, siente algo especial, ¿no? Tú eres un niño, estás ahí jugando con tus amigos… ¡pumba! metes gol: vives algo especial, algo distinto a todo; y eso, tanto jugando en un patio como jugando en el Bernabéu. Bueno, pues un poeta cuando termina un poema a veces siente también algo especial, y ese sentimiento es el mismo en un poeta que empieza que en un poeta que es Premio Nobel. Creo que es algo similar en el fútbol y en la poesía. Y pienso que hay más cosas, ¿eh? Pero esa es una muy bonita, en la que no habías pensado.
- ¿En qué estás trabajando ahora? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Bueno pues estoy terminando un libro de poesía, que quiero publicar en enero del año que viene -siempre publico los libros en enero- si este verano puedo trabajar con el cuidado y el tiempo que espero.
- Pablo, ¿qué le dirías a una persona joven como tú eras entonces, que siente interés por la poesía, siente despertar su vocación?
Pues que lea mucho, que no tenga vergüenza de declarar al mundo su deseo, su gusto y su amor por ser poeta,  que lo pase bien, y que disfrute mucho de la poesía. Eso es todo.
            Espero que os haya resultado interesante.

                                                                                                                       Helena Suárez



miércoles, 17 de abril de 2013

Homenaje a Luis Cernuda en El Comercial

    Como ya adelanté en su día, el pasado 22 de marzo con motivo de la publicación por Ediciones Vitruvio de la última edición de La realidad y el deseo de Luis Cernuda se congregó en el Café Comercial una multitud poetas y admiradores para recordarle.
 
 
Ana Ares, una de las primeras participantes
 
    Se trata de la obra en la que el artista, ligado tradicionalmente a la Generación del 27, fue agrupando su corpus poético. Ya, cuando se publicó por primera vez en 1936, Federico García Lorca dijo en el homenaje que se hizo para tal ocasión que «La realidad y el deseo me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra.» En ella encontramos poemas de soledad, de nostalgia por los momentos de la niñez, de belleza idealizada, de amor entendido como algo grandioso, de amor visto como un sentimiento martirizante, de anhelo de juventud eterna, de naturaleza paradisiaca.
 
 
Pablo Méndez reconoció que llevaba años soñando esta edición
 
 
El gran novelista y poeta Ramón Hernández, siempre genial
 
    Pablo Méndez reconoció que este es uno de los libros que siempre había querido editar: “Siempre lo he tenido entre ceja y ceja, y ha costado tres o cuatro años de trabajar de rato libre en rato libre. Ha sido difícil, pero estoy muy contento con el resultado, porque es la edición más cómoda y cuidada que hay ahora mismo en el mercado.” Además, una particularidad de esta edición es que al final salen todos los poetas de la editorial, “salvo las nuevas adquisiciones, que no les ha dado tiempo a salir”, añadió. Sobre esto, Eduardo Merino exclamó en cuanto tuvo oportunidad: “¡Qué suerte tenemos que gracias a Pablo podemos aparecer en un catálogo junto a este fenómeno!
 
 
David Morello lee un poema de Cernuda
 
    Seguidamente, cada poeta de los allí reunidos tuvo la oportunidad de dedicar unas palabras a la memoria de Luis Cernuda y de recitar uno de sus poemas. Paco Moral lo describió como “uno de los grandes libros de uno los mejores autores de siempre de lengua castellana, pero con un defecto: coincidir con la gran generación del 27 con Lorca y Alberti, y tres pecados: ser antifascista, homosexual y poeta”. Javier García Magano, por su parte, declaró que admiraba su coraje vital. César Cortijo, en cambio, admitió que “no ha sido uno de mis poetas favoritos hasta hace poco, cinco o seis años” y subrayó que de las tres vertientes de la poesía cernudiana, a saber, romántica, melancólica y política, esta última era la que más le interesaba. A parte de los escritores mencionados, también intervinieron Alberto Infante, Fernando López Guisado, Ana Ares, Hilario Martínez Nebreda, Ángel Rodríguez Abad, Ramón Hernández, María José Pérez Grange, Raúl Nieto de la Torre, Antolín Amador, Lola de la Serna, Jesús Ayet, Alfredo Gómez Gil, José Luis Torrego, David Morello, Javier Cristóbal, Miguel Velayos, Aurora Auñón, María de la O Guillén, Miguel Cuerdo Mir, Pablo Jiménez, Antonio Daganzo, Alfonso Berrocal,  y Mercedes Rodríguez de la Torre.
 
    Los libros vendidos ese día corrieron la fortuna de llevar estampada la firma de su autor Luis Cernuda, gracias a un sello de caucho fabricado a tal efecto, que tras finalizar el acto fue destruido.
 
    Me despido invitándoos a redescubrir a este genio de nuestra literatura, compartiendo con vosotros el poema IV del capítulo “Donde habite el olvido”.
 

Yo fui.

Columna ardiente, luna de primavera,
mar dorado, ojos grandes.
Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.
He sido.

 

            Hasta pronto.

Helena Suárez



martes, 16 de abril de 2013

Fría luz de Mallorca


  Después de este paréntesis ocasionado por la Semana Santa y la Pascua que nos ha valido para descansar y retomar fuerzas, vuelvo para contaros algunos eventos que ocurrieron antes de las vacaciones, pero por su trascendencia en el mundo de la poesía no han de caer tan pronto en el olvido. El primero, al que dedicaré esta entrada, es la presentación del Premio Café Comercial La luz y el frío de Joan Payeras, el segundo, la salida al mercado de una nueva edición de La realidad y el deseo de Luis Cernuda, que comentaré próximamente.
   En efecto, el pasado 15 de marzo tuvimos la oportunidad de conocer por primera vez el poemario vencedor del concurso que convocaron Ediciones Vitruvio y el Café Comercial el pasado año y cuyo fallo tuvo lugar el 14 de diciembre. Pablo Méndez abrió el acto, hablándonos del certamen: nos contó que fue una experiencia muy bonita, que tuvo tal éxito que el sótano del Café estaba abarrotado, pero que “lo más bonito fue cuando fallamos el premio, porque el libro ganador es maravilloso”. Terminó su intervención agradeciendo al autor, Joan Payeras, que viniera desde Palma de Mallorca, de donde es natural, y exclamó amigablemente, “¡a ver si se anima a venirse a vivir a Madrid!”, insinuando que hacía falta una voz como la suya en la Capital.
 
  Fernando Vera, por parte del Café Comercial, aseguró que “el Premio había sido generado por la idea de Pablo”, se mostró contento con que esa sala donde se celebraba estuviera dedicada a los poetas, y confesó que “dentro del Café es como un oasis”. Del mismo modo, como representante del sponsor Café Novell, David señaló lo vinculados que están la cultura y el café, puesto que en numerosas ocasiones una taza de esta bebida “va de la mano de la inspiración”.
 
 
Rafael Soler, Joan Payeras, Pablo Méndez, Fernando Vera, Andrés Jiménez y Raúl Nieto de la Torre
 
   «Qué inventará la noche, / ahora que la luz es amarrarse a ti…» A Rafael Soler, integrante del jurado, le bastó citar estos dos versos de Joan Payeras para justificar ampliamente el resultado de las votaciones. Por el contrario, Raúl Nieto de la Torre, presidente del jurado, nos facilitó más detalles: “Este libro me cautivó desde el primer momento y lo sentí muy mío, porque toca algo muy personal”. Ciertamente describió los poemas apuntando que “no se andan con rodeos” y además que “parecen querer cobijarse en el lector, y allí dentro seguir viviendo”. Tal es así que “algunos poemas seguían dándome vueltas en la cabeza, como una melodía pegadiza”, confesó. En relación a su contenido, advirtió la alusión constante al silencio, pero de igual forma “si no hubiera nada, no habría sitio para la escritura”. Entonces se aventuró a imaginar que “Joan era de los que levantaba piedras en el campo”, debido a que, a su modo de ver, “más tarde levanta piedras mucho más peligrosas”, refiriéndose a su poema “Aquí, ahora”, que comienza: «Alguien se suicida y te sientes ofendido. ¿Qué creía saber él que tú no sepas?...». “Me llamó la atención cómo podía llegar a ser él mismo en cuanto a personalidad poética desde muchas voces”, afirmó. También mencionó la cita de San Juan de la Cruz que abre el poemario, a saber, «Para venir a lo que no sabes, / has de ir por donde no sabes. / Para venir a lo que no eres, / has de ir por donde no eres» y observó que “necesariamente tenemos que perdernos para encontrar el camino, y es cuando pasan cosas interesantes”. Para terminar, advirtió que evoca repetidamente lo escondido y, en general, lo oculto: “Nos entrega generosamente un montón de lugares desconocidos”, concluyó.
 
 
  Por fin llegó el turno de que Joan Payeras diera a conocer al público asistente –entre el que se hallaban reputados poetas– ese libro suyo que se alzó victorioso de entre más de doscientos ejemplares: “Hoy es un día en que tengo que agradecer muchas cosas a mucha gente, entre ellas, el haber elegido mi libro y haberlo leído con tan buenos ojos”. Por su parte, reconoció que frecuentemente cuando echaba la vista atrás a lo que había escrito, siempre le parecía que le sobraban cosas, pero que con La luz y el frío le había ocurrido menos que en las anteriores ocasiones. “Yo escribo cuando tengo un tema y un tono que aparecen como una sola cosa” y, en este caso, “el tema mayoritario es el paso del tiempo, la memoria como asidero para luchar contra este, y la pérdida”. Sin embargo, aunque opina que posiblemente sea el más serio de los poemarios que ha escrito, no quiere que se lea en clave pesimista, porque “esa visión nostálgica hacia el tiempo que pasa no se debe sino al inmenso amor que se tiene por la vida”. También justificó la búsqueda expresada en la cita de S. Juan de la Cruz en que “escribo para saber de mí mismo, de los que me rodean, para saber de lo que pasa”. Después pudimos escuchar de viva voz los poemas “Ideal” –al que considera una declaración de intenciones–, “Teseo”, “Veintiséis de diciembre”, “La caricia”, “Tarde de enero”, “Last track” y “Relatividad”. Como bis, Pablo Méndez le solicitó “Lector junto al cauce”.
 
 
Joan Payeras, autor de La luz y el frío
 
  Como prueba de la poesía minimalista y depurada, a la par que enérgica y rotunda, de este autor que el Premio de Poesía Café Comercial me ha descubierto, os presento:
 
  Acto de fe


  Tu mano entre mis manos,
  mientras  tras las paredes
  la ciudad es silencio y frío,
  lejos de esta ilusión,
  de esta victoria, de este engaño.
  De esta última posibilidad
  desesperada
  de parar el tiempo.

 Espero que la disfrutéis.
Antes de dejaros os anuncio que ya se está gestando la nueva edición de este Premio de Poesía, así que animo a que los que se vean capacitados para ello a que vayan preparando sus manuscritos, porque en este país se necesitan más voces tan fuertes e intensas como la de Joan Payeras.

Hasta pronto.

Helena Suárez


domingo, 31 de marzo de 2013

Lo que lluviosa la noche quiso contar


            La última presentación a la que asistí tuvo lugar en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, situada en la calle Leganitos nº 10 y fundada en 1871. Fue el pasado jueves 7 de mayo, -día lluvioso donde los haya- y se trataba del último poemario de la escritora María Juristo, es decir, Cuanto dijo la noche.

            Como introducción, Pablo Méndez contó una anécdota que le sucedió con el presentador José López Martínez: “Un día, que llovía como hoy, le tuve que obligar a llevarse un paraguas cuando salía de la editorial, porque no quería y en ese momento tampoco llovía demasiado; hizo bien en hacerme caso, porque en cuanto salió del portal calló una tromba de agua. Fue él quien me presentó a María Juristo, una autora con una voz distinta, original, que escribe una poesía no fácil, pero sí muy honda,” señaló.

A su vez, López Martínez dijo sobre la poeta que gozaba de “una madurez asentada sobre sus propias vivencias pues, como expresa Goethe, «la vida tiene siempre recodos imprevisibles»” que, por supuesto, influyen en la poesía de Juristo. También nos anunció que veía en su literatura un “fortalecimiento creativo desde su novela Las falsas lágrimas de la Gioconda” y que “Cuanto Dijo la Noche, dividido en cinco partes complementarias y abarcadoras, es otra presencia apasionada de María Juristo, sin temor y con valentía”. Con este título “la autora nos sitúa en el punto exacto de su poesía, el momento de la noche” -durante el cual parece haber compuesto-, nos presenta periodos de “cansancio y búsqueda, va acumulando decepciones, dolor,” y describe aquello que normalmente “nadie escucha en la oscuridad: la rueda del tiempo y de la vida”, pues “cuando uno lee sus páginas asiste a una realidad poética nutrida con la reflexión y con la libertad”. En efecto, “el texto literario tiene su código y una grandeza que aleja de la mediocridad habitual en la vida diaria”, advirtió.

            A pesar de esto, el periodista observó que “la presencia de un libro, por muy cuidada que sea, debe ser objeto de crítica literaria”; no obstante, consideró mejor dejarla para otro momento, de un lado, porque una presentación “es un acto social”, y no es el lugar apropiado para esa tarea y, de otro, porque “quien realmente conoce el alcance del libro es el propio autor, y lo de los demás son solo aproximaciones”. Finalmente aseguró que “María Juristo siempre nos va a tener en vilo, tanto si se trata de un libro de poemas, como una novela o una canción”, porque “por los escondidos rincones de su cerebro duermen los hijos de su fantasía”, esperando a ser despertados ya sea en papel o en una partitura.

A continuación, Jesús Jiménez Reinaldo, profesor y también poeta, antes de comentar lo más sobresaliente de la obra de Juristo, compartió con los asistentes el hecho de que “cuando coincidía con María en alguna presentación, me recordaba que habíamos publicado en una editorial común”. Se refería a la editorial Devenir, donde ambos divulgaron sendos poemarios, a saber, La mística del fracaso uno, Descifrando la nada la otra. Posteriormente nos enumeró los grandes temas que, consideraba, había en Cuanto Dijo la noche: “el paso del tiempo, la muerte, el ser amado, la pervivencia de las palabras”, a través de ellos presenta una “mirada desgarrada hacia la voz del mundo”. Además, advirtió que las secciones que lo dividen llevan por título “un sintagma preposicional con «de»”, por lo que “son un tema de aproximación”; y destacó algunos de los poemas, como “En mis tres muertes”, que consideró el más significativo de la primera parte llamada Del sudor de la misericordia; en la segunda parte Del amor que me captura descifró una “voz poética haciendo referencia a un tú” con el que compartió un ayer, y alguna referencia al bíblico Cantar de los cantares; distinguió especialmente los poemas “Vasija de barro”, por su belleza, y “Venecia”, por su indagación del significado de la existencia. Este es rasgo un característico de los versos de María Juristo, a los que llega el ejercicio metafísico de la meta-literatura, fundamentalmente presente en Del alba oscura, la tercera parte. Algunas referencias a la Guerra Civil encontramos en De Pecios, la cuarta parte y en la quinta, Del mar y los vientos, utiliza estos elementos “herederos de la tradición cristiana y de los clásicos, como toda una alegoría de un anhelo infinito”. En definitiva, en palabras de Jiménez Reinaldo, “la poesía de María Juristo, atemporal la mayoría de las veces, se presenta para hablar de la condición humana mediante unos versos descarnados a la par que hermosos”.

Entonces, José López Martínez dio paso a la intervención de la autora que, en primer lugar, dio las gracias por haber comparecido “esta tan tarde desapacible” entre otros a los “compañeros que entienden mi poesía y me han acompañado en estos momentos literariamente difíciles”; en efecto, allí se encontraban grandes poetas como Emilio Porta, Lola de la Serna e Hilario Martínez Nebreda. Un colaborador suyo leyó unas “palabras previas” escritas por ella y el poema “En el sudor de la misericordia”. Después María Juristo recitó “Cuando un suave resplandor”, “Pasos”, “De forma imprevista”, “Dies Irae, Dies Illa” (dedicado a Ángeles Yagüe, que murió en su casa en un incendio; según nos contó la escritora, tenía un problema físico que le impedía andar con normalidad), “Tú, el invisible”, “Pasaron los años”, “Venecia”, “Vasija de barro”, “Empápame”, “Trébol de Haykus”, “Dirás”, “Empozado dolor”(del cual nos contó, a pesar de que no le gusta explicar los poemas y de que cree que no se deberían explicar nunca, que habla de un dolor muy fuerte que sufrió), “Habito el espacio”, “Moldeé el fuego”, “Se agachó mi boca”, “Sólo en la luz”, “Estupor”, “Quisiera ser”, “Tahona, barras de tahona”, “De gris”, “Trombas” (esta parte del libro «Del Mar y de los vientos» tiene que ver con su primer contacto con el mar Atlántico que, en palabras de la autora, “es un océano, un abismo, experiencia que quise retratar”), “De profundis clamabit” (un canto de misericordia y amor a las gentes de las pateras) “Vagabundo”,  Paso mi lengua”, “La pulpa del agua” y, por último,  a modo de canción andaluza, “La Mar estaba sola”.

Tras haber finalizado su parte, José López Martínez, que actuaba en esta ocasión como moderador, afirmó fascinado: “¡Qué bien lee sus poemas María Juristo! Después de escucharla recitar nos parece el libro mucho mejor”, y para clausurar el acto nos refirió una anécdota acerca del último libro que presentó Luis Rosales en el Círculo de Bellas Artes: “un crítico del ABC hizo el comentario y cuando terminó, el autor le dijo: ʺno tuve en cuenta nada de lo que has dicho, pese a que has hecho un trabajo admirableʺ. Esperemos que María Juristo no haya pensado lo mismo a cerca de los nuestros”.

Os dejo este poema de muestra.
 
María Juristo



Conjuro

  
No pude hacerme invisible
en el rincón de las sombras
para amarte tras el pórtico
de tu corazón violeta
sin que supieras de mí.

Ni albergar este secreto
en algún cubil del tiempo,
o en la inverniza neblina
que se desnuda en el mar.

No pude ser de tu luz,
la prohibición hecha fruto
que una insolente varita
descubriese tras el velo
de los dioses peregrinos
cuando en copas enjoyadas
absorbían la ambrosía ardiente
de los astros.

Mi piel,
del color de la quimera,
no lograba disfrazarse,
ser la túnica embozada
que protegiese del mundo
mi pasión amanecida.
Ni que advirtieras
que a solas,
eras, en mis penumbras,
el tumulto de la noche
cabalgando en mi deseo.

Más hoy,
sé de un conjuro tallado
sobre la gema del lirio.
Yo, milenaria en voces
a orilla de las montañas,
invoqué a la luz
debajo de los secretos
y oí el rumor
de los jacintos.

Preguntó por mí
a los hombres que adivinan
antes de salir el sol
para irradiarme toda
y fui a su encuentro
en el fondo de un espejo
que me amaba.

Canté un solo traspasado
por exhalaciones puras,
rocé la cúpula sacra
sin que mi boca sangrase
junto a las ángeles ciegos,
pinté la tuya
lamiendo mi piel
aprendiz en la tiniebla.

Y así acaeció el prodigio:
La luz, en mí,
tomó mi cuerpo umbrío,
me hizo suelo, muro
espacio duplicado.
Me hizo tu sombra.

 
¡Qué paséis una buena Semana Santa! Hasta pronto.

Helena Suárez

 

domingo, 10 de marzo de 2013

Violeta no es una flor


Esta vez, como excepción que confirma la regla, dedicaré este espacio a hablar de una novela que se presentó hace poco. Se trata de Violeta, de David López Vizcaíno, que ha sido publicada en la colección Nostrum de Ediciones Vitruvio; una emotiva historia llena de ternura, de sabor a miel y a mora, de aroma a hierba recién cortada, de sonidos a veces suaves y otras, ensordecedores; que nos capacita para percibir paisajes e, incluso, representaciones pictóricas con los ojos de la mente.

 
            En el acto, Pablo Méndez nos recordó que tal día como aquel, un 22 de febrero, descubrieron que Antonio Machado había muerto; así que, desde ese rincón del Café Comercial que está dedicado a su memoria, quiso hacerle un pequeño homenaje al menos evocándole. Sobre la aparición de la primera novela de López Vizcaíno comentó que “salió hace unos meses, pero ahora se está empezando a mover con buenos resultados”. Nos explicó quién iba a ser el responsable de descubrirnos el mundo que integra esa obra, a saber, Tomás Perales, el novelista manchego creador de Hermanos por decreto y El legado de Dulcinea, entre otros libros.

Este nos confesó, a modo de anécdota, que en su infancia veía a los escritores como a extraterrestres. Pero “después de leer tantas páginas, es normal que uno se decide a escribir las suyas” y eso es en cierta medida lo que le ha pasado al autor de Violeta. Perales la definió como una “novela intimista, cotidiana, que te va llevando por todas las edades de la vida del protagonista”. Tampoco “olvida la maldad intrínseca al ser humano” lo cual refuerza la credibilidad de la historia. Reconoce el mérito del profesor López Vizcaíno al haber conseguido concluir su primera obra, porque “cuando yo empecé a escribir novela, la primera acabó en un cajón”.

Tras manifestar sus impresiones, el escritor manchego dio paso al verdadero protagonista del evento, que habló en estos términos de su editor: “Pablo es un temerario por aceptar publicar la novela de un principiante”, que se sonrió ante el comentario, conocedor de su calidad literaria. A continuación, comenzó a narrar cómo había sido el proceso de gestación de su criatura:

 El editor de la página web para la que escribe artículos de opinión, Miguel Ángel Olmedo Fornas, le animó para que escribiera algo de carácter literario, así que “en el verano de 2009 en Galicia empleé mi tiempo en escribir”. En cuanto a la temática, “tenía una idea previa pero, fiel a mi coherencia, escribí algo distinto”, que versaba esta vez sobre la relación entre un padre y su hijo y constaba tan solo de dos folios y medio, pero “a mi amigo le gustó y me forzó a que escribiera más”. Poco a poco fueron apareciendo más personajes: “el protagonista es masculino, pero la novela se llama Violeta, porque es la mujer que más le ha influido”; además, “yo quería que fuera una novela de amor, que incluyera distintos tipos”. Pero a toda historia de amor que se precie, “hay que ponerla a prueba”, porque al enfrentarla, por ejemplo, con los celos, “saca lo mejor y lo peor de cada uno”.

En cuanto a las influencias, afirmó no ser consciente de tenerlas, puesto que “dejé de leer cuando escribía para no contaminarme”; sin embargo “sí que me influyó el cine como producto artístico”. Si ya viene siendo habitual ver plasmadas en la gran pantalla algunas de las grandes obras de la literatura –otras, no tan grandes–, López Vizcaíno intentó lo contrario, es decir, llevar el cine a la literatura, de modo que por medio de la imaginación proyectó la novela en su particular monitor mental “y luego la escribí”.

No obstante, una vez que tuvo la idea de la trama que quería contar, pasarla al papel no fue sencillo; por ello, decidió realizar un eje cronológico. Pero “¡qué grande es un folio en blanco, cada vez era más grande!”. Como la Musa no le visitaba, y el papel aumentaba su tamaño a pasos agigantados, “lo rompí y lo convertí en una cuartilla”. Pero la inspiración se resistía a aparecer, así que solo le quedaba otra opción: “recurrir al trabajo”. De esta forma logró redactar ochenta páginas, que le dio a leer a su amigo Olmedo Fornas, pero era “el análisis de un profesional”; así que se lo pidió a otra persona para que le “diera el punto de vista de un lector”, pero le hizo la misma crítica.

Al respecto, Tomás Perales opinó que “lo mejor es no permitir que nadie lo lea, para que no te influya”. En cambio, nuestro autor, tras reflexionar sobre los elementos que podían faltar a su obra, decidió crear más personajes que encajaran con los existentes. Después de alcanzar las cien páginas, dejó reposar la novela y, cuando la releyó, encontró más errores; “los corregí, pero siempre quedan fallos”, advirtió. Este proceso le llevó año y medio aproximadamente. Sobre su concisión –tras la maquetación, la extensión del libro ha resultado en 156 páginas– aclaró que “la historia es la que es, y yo no he querido irme por las ramas. No necesito más espacio, ni quiero cansar ni despistar a nadie”. De hecho, él simplemente pretende que sea “una novela breve de fin de semana, pues quiero someter al lector a todas esas emociones en un corto espacio de tiempo”.

La ubiqué en Galicia y da a conocer costumbres de allí”, afirmó. Y esto es así de tal manera que que el autor no quiso situarla en ninguna provincia o población concreta, sino que la única localidad mencionada, a saber, Mindoño, donde ha nacido y crecido el personaje principal, es fruto de la imaginación del autor (basta una visita a Google Maps para comprobarlo). El resultado es un olor a sal y a marisco, música de gaita y muñeiras, y sabor a pulpo a feira, como trasfondo de todo lo que acontece.

Para continuar articulando su discurso, recordó algunas preguntas que le habían hecho desde que acabó el libro. Una de ellas fue la de que si se trataba de una obra autobiográfica; su respuesta fue que “mi vida no da para una novela”; sin embargo, sí que reconoció que “hay cosas sacadas de mi vida o de las que he sido testigo; y es que con la vida aprendes”, aseveró. Además “refleja mi carácter de dos maneras: en los personajes y en el estilo”. A priori sería fácil identificarlo con el personaje masculino, pero niega que esto sea verdad: “yo he desparramado mi carácter sobre todo por los personajes femeninos, porque las mujeres son muy importantes en Galicia”.

 
Otra cuestión fue la de si pensaba seguir escribiendo, y con rotundidad contestó que sí: “aunque puede ser muy frustrante, también es un bálsamo, una terapia, y no tengo mejores maneras de emplear el ocio”; cómicamente y para ir concluyendo la presentación declaró: “prefiero escribir a dedicar mi tiempo libre a meter un barquito en una botella de cristal”, bromeó. De hecho, nos adelantó que “ya hay una segunda novela que está en etapa de fermentación”. Sorprendido, Pablo Méndez apoyó esta decisión y aseguró que “hay que seguir escribiendo para escribir cada vez mejor” que es, en definitiva, “el ímpetu de todo escritor”.

Acabo mi entrada compartiendo un fragmento de la obra, que considero representativo, porque muestra su temática esencial y lo que posteriormente se va a ir desarrollando. Para contextualizar diré que en este momento el protagonista –cuyo nombre desconocemos– aún preadolescente, empieza a relacionarse con la que, con el tiempo, llegará a ser su gran amor. 


«Violeta y yo hablábamos del colegio, de lo que íbamos a hacer las próximas vacaciones, jugábamos a las cuatro en línea, a las damas, al ajedrez… Cuando Violeta supo que yo dibujé las etiquetas de los tarros de mermelada y de la caja de La tarta de la abuela me pidió ver mis dibujos y reconoció qué rincones de Mindoño había dibujado; me pidió verme dibujar y empecé a dibujar para ella; y sin que ella lo pidiese ni lo supiese hasta tiempo después empecé a retratarla, siempre bonita como era: de cara alargada, pómulos marcados, hoyuelos en las mejillas, barbilla redondeada, labios carnosos, dientes nacarados, simpáticas pequitas, melena ondulada de color rojo dorado y ojos violeta.»


                                                                                                                           Helena Suárez
                                                                                                            Directora de Poesía que viene